Los autodenominados CDR, los Tsunami Democràtic, los Arran y resto de fauna que forma el ecosistema secesionista coactivo, están tan acostumbrados a la impunidad, ante la inacción de la policía autonómica, que han campado a sus anchas amenazando y atacando las libertades y derechos de los catalanes que no piensan como ellos.
Siendo una minoría, un puñado de radicales que han cortado autopistas con medio centenar de encapuchados, han conseguido durante meses adueñarse de Cataluña, ante la pasividad de los cuerpos de seguridad que deberían velar por la seguridad y los derechos de todos los catalanes.
Por suerte, parece que poco a poco la policía autonómica ha decidido tomarse en serio su trabajo. O mejor dicho, los mandos de los Mossos han despertado, porque hay miles de agentes que están dispuestos a cumplir con su deber, pero sus jefes no se lo han permitido.
La acción policial coordinada junto a la Policía Nacional evitó en los días posteriores a la sentencia del ‘procés’ que Barcelona se convirtiera en Beirut. Los desalojos en la AP-7, aunque llegaron tarde, se produjeron con eficacia. Y este sábado evitaron que un puñado de radicales colapsara la red ferroviaria en Cataluña.
Por mucho que los coactivos CDR amenacen con la «barbarie» si no se atienden sus peticiones, si los Mossos d’Esquadra hacen su trabajo, no tienen nada que hacer. Porque los radicales no son el «pueblo catalán», son solo un puñado de fanáticos que pretenden secuestrar los derechos y libertades de millones de ciudadanos.
Comentario editorial de elCatalán.es
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