El sermón dominical. Forges: se fue un grande

Antonio Fraguas de Pablo es un grande. Lo ha sido para los millones de españoles que le admiraban, gracias a su ingente obra, que alegró la vida a varias generaciones de ciudadanos que, sin sus Marianos, sus Blasillos y sus Conchas, habrían sido menos divertidas. Chumy, Gila, Summers, Perich, Ivà, Gin y, sobre todo, su admirado Mingote, ya le han organizado una fiesta de bienvenida en el Más Allá. Sea cual sea.

Mi único contacto directo con él fue cuando el Grupo de Periodistas Pi i Margall, que me honro en presidir, organizó el año pasado un homenaje a Antonio Mingote en el Colegio de Periodistas de Cataluña. Forges se mostró muy receptivo, intentó venir, y solo un asunto familiar impidió que se acercara a Barcelona para rendir tributo al maestro de ABC. Pero sus consejos y, sobre todo, su agenda, nos ayudó mucho para que el acto fuera un éxito.

Pero el “contacto” a través de su obra ha sido una constante para mí desde que tengo veinte años. En el Mercado de San Antonio, un rastro de libros y revistas viejas en Barcelona que abre todos los domingos, me harté de comprar ejemplares de ‘Hermano Lobo’ y ‘Por Favor’, junto a buena parte de sus álbumes, los superventas ‘Forges 2’, ‘Forges 3’…

Fui un gran fan suyo durante un par de décadas, hasta que comenzó con el humor más políticamente correcto, y yo, que pienso que la sátira ha de ser irreverente, me fui alejando de su trabajo. Cosas de la vida, en el humorismo gráfico también los amores se calientan y se enfrían.

Aunque siempre que caía un ejemplar de ‘El País’ en mis manos lo primero que hacía era leer su viñeta. Y luego, la de El Roto. Y a menudo volvía a encontrar a aquel Forges que me enamoró con su ingenio y su humor rompedor.

Su imprescindible ‘Historia de Aquí’ me llevó a estimar la historia de nuestro país gracias a su manera amena de narrarla, y la devoré con avidez. De hecho, la afición que Forges despertó en mí me llevó a matricularme en la Facultad de Geografía e Historia. Luego acabé como un licenciado en Antropología, pero eso es un tema aparte fruto del caos vital que llevó arrastrando desde hace tres décadas.

Me sorprendió su muerte, no sabía de su enfermedad, fruto del torbellino en el que vivo desde hace un año gracias a elCatalán.es, y sentí no haberle leído más y, sobre todo, no haber escrito más sobre él.

Aunque tarde, quiero reconocerte, Antonio, que te he amado mucho. Que te amo. Y que siempre te amaré. Y que cada vez que lea una viñeta, sea del humorista gráfico que sea, te recordaré con mucho cariño.

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