Aunque el RCDE Stadium aspira a recuperar el protagonismo internacional en 2030, la historia mundialista del Espanyol ya alcanzó su cénit en el Mundial de 1982. Mientras otros grandes estadios acogían el protocolo, el Estadio de Sarriá se convirtió en el escenario del grupo de la segunda fase más espectacular de la historia. El feudo blanquiazul fue testigo directo del legendario «Grupo de la Muerte», donde Italia, Brasil y Argentina se citaron para decidir quién reinaría en el fútbol global.
El césped de la Carretera de Sarriá presenció momentos que hoy son mitología del balompié. Primero, la Italia de Bearzot demostró su solidez al anular a un joven Diego Armando Maradona. Poco después, el Brasil de Zico y Sócrates exhibió su «fútbol samba» para eliminar a la Argentina campeona.
Sin embargo, el momento cumbre llegó el 5 de julio de 1982 con la denominada «Tragedia de Sarriá» para los brasileños y el renacimiento italiano. En un duelo frenético, Paolo Rossi anotó un hat-trick histórico que tumbó a la gran favorita en un estadio que rugía con la cercanía propia de los campos ingleses.
Aquel Mundial elevó el prestigio del estadio del Espanyol a una dimensión desconocida. La atmósfera de Sarriá, con su público volcado sobre el terreno de juego, fue clave para que Italia tomara el impulso definitivo que la llevaría a levantar la Copa del Mundo en el Bernabéu días después. Para el recuerdo queda la imagen de un estadio que, pese a su desaparición física, sigue vivo en la memoria colectiva como el lugar donde se hundieron los gigantes y donde el fútbol alcanzó su máxima expresión de belleza y drama.
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