Pedro Sánchez , a lo largo de su mandato, no aplicó el artículo 155 de la Constitución a la Generalidad catalana a pesar del supremacismo lingüístico de Esquerra Republicana, que le ha llevado a incumplir las sentencias judiciales que obligan a que el español esté presente, con cierta dignidad, en las escuelas de esta comunidad autónoma.
El presidente del Gobierno tampoco actuó, vía Fiscalía, a pesar de que, desde una televisión pública, TV3, y una radio pública, Catalunya Ràdio, se ha usado el lema “puta España” en antena como grito de guerra. De hecho, a la directora del ente que gestiona los medios de la Generalidad, Rosa Romà, y que apoya estos dislates la votaron los socialistas catalanes.
El doble rasero de Pedro Sánchez no debería sorprender a nadie, porque ha demostrado con creces que lo peor de la política española, Bildu y ERC, le da todo lo que quiere, mientras que a los partidos constitucionalistas de la oposición solo les ha ofrecido arrogancia y desprecio durante los más de cinco años que ha sido presidente del Gobieno.
Pedro Sánchez es el que se cargó al Tribunal de Cuentas para que ERC no sufriera. Es el mismo que intentó retorcer la legalidad para cambiar el Tribunal Constitucional a su gusto. El que se ha cargado el delito de sedición. El que ha convertido el CIS en su oficina de relaciones públicas y el INE en un departamento de propaganda. El que ha repartido docenas de millones a la prensa amiga para que obedezcan los dictados de Moncloa. El que ha nombrado a un ex ministro y a una amiga del separatismo como jueces del Tribunal Constitucional. El que ha denigrado la Fiscalía General del Estado hasta extremos impensables. Y ahora quiere ser el socio parlamentario del prófugo Carles Puigdemont. Este es su ‘talante’.
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