El presidente del Parlament, Josep Rull, ha decidido llevar el simbolismo separatista al terreno deportivo internacional. El dirigente ha enviado una carta formal de protesta a Kirsty Coventry, presidenta del Comité Olímpico Internacional (COI). En el texto, expresa su «profunda preocupación» por los incidentes ocurridos el pasado 19 de febrero en los Juegos de Invierno de Milán.
Los hechos se produjeron durante una competición de esquí de montaña, disciplina en la que el esquiador catalán Oriol Cardona consiguió el oro. Según la misiva, miembros de la organización retiraron banderas esteladas – el símbolo separatista catalán – a varios asistentes que seguían la prueba. Rull considera que este acto supone una vulneración de la libertad de expresión y un desconocimiento de la realidad institucional catalana.
La carta, a la que han tenido acceso diversos medios, exige una aclaración inmediata por parte del COI. Rull no se limita a pedir explicaciones, sino que reclama garantías de que esta situación no volverá a repetirse. Para el entorno de Junts, cualquier restricción a sus símbolos es leída como una persecución política, obviando a menudo los reglamentos de neutralidad de los organismos deportivos.
Es relevante señalar el momento en que se produce esta protesta, con un Gobierno central que suele evitar cualquier confrontación con el nacionalismo. Mientras el Ejecutivo de Pedro Sánchez mantiene un perfil bajo ante estos desmanes simbólicos, los líderes independentistas aprovechan cualquier resquicio para ejercer su particular diplomacia paralela. El Parlament, así, actúa como una suerte de ministerio de exteriores al servicio de la causa.
La organización de los Juegos de Milán, por su parte, suele aplicar normativas estrictas sobre la exhibición de símbolos que puedan ser considerados políticos. No es extraño que en competiciones internacionales se limite el uso de banderas que no corresponden a estados soberanos reconocidos por el organismo. Sin embargo, para Rull, esto es un ataque directo a la dignidad de su «nación».
Habrá que ver si el COI decide responder a una autoridad autonómica o si, por el contrario, mantiene su protocolo habitual de comunicación con los comités nacionales. De momento, Rull ya ha logrado el titular que buscaba. La senyera vuelve a ser utilizada como herramienta de fricción en el escaparate internacional ante la pasividad de Madrid.
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