Rufián Iscariote y las treinta piezas de plata

Estas tres últimas semanas la Cataluña real ha hablado. Ha dicho en voz alta ¡basta! Basta ya de esta situación anómala en cualquier democracia avanzada, basta ya de deslealtad institucional, basta ya de fractura social, basta ya de desertización económica y empresarial, basta ya de agitprop en los medios de comunicación, basta ya de adoctrinamiento escolar, en definitiva, basta ya de vivir bajo el pernicioso, malévolo y ominoso yugo del nacionalismo que ha secuestrado las instituciones catalanas y las ha puesto al servicio exclusivo de su ideología supremacista y de su casta dirigente.

Hoy mismo se ha consumado el segundo golpe de Estado a nuestra moderna democracia, orquestado por el nacionalseparatismo catalán. Pero que en una democracia occidental avanzada haya podido acaecer algo así es harto difícil de entender si no ha habido quienes han ejercido de colaboradores necesarios para la propagación de este mal que asola Cataluña y aqueja a los catalanes. Son aquellos que han entregado Cataluña a los nacionalistas por 30 piezas de plata o su equivalente político del apoyo parlamentario. Cataluña –y me refiero al conjunto de sus habitantes– ha sido, desde la restauración de la Democracia en España, siempre la moneda de cambio de los acuerdos parlamentarios de los dos partidos políticos mayoritarios, PP y PSOE, para afianzarse en el poder a costa de pactar con el nacionalismo y en pago entregarle muchas piezas de plata –entiéndase competencias– que jamás deberían haber sido entregadas, como la educación ya que sin ésta difícilmente habríamos llegado a la situación actual.

En la Cataluña de hoy, los partidos políticos de ámbito nacional, infectados por ese terrible virus que es el nacionalismo y los complejos que éste comporta, ante el actual desafío secesionista, se rasgan las vestiduras. Sí, se aplicará finalmente el artículo 155 de la Constitución –acaba de aprobarlo el Senado– para tratar de restablecer la legalidad en Cataluña. Pero no olvidemos que han sido esos mismos partidos nacionales los que han permitido que se llegara al extremo actual porque han tratado de confundirse con el paisaje durante décadas, tanto por cálculos partidistas regionalistas como por apoyos parlamentarios en las Cortes Generales.

Pero lo que importa ahora, en estos momentos de gravedad y esperpento, son los días venideros, no el pasado, y lo que ahora deben hacer todos estos partidos –como sí han hecho finalmente hoy– es un verdadero acto de contrición, de enmienda y, desde la contundencia y la unidad, en el pleno apoyo a la aplicación del artículo 155, es anteponer los intereses de la ciudadanía a los de sus respectivas organizaciones políticas y al mantenimiento de sus estructuras de poder y la continuidad en los cargos públicos. Deben apostar por el conjunto de España y los españoles, y apoyar sin ambages todas las medidas y sanciones que democráticamente recaigan sobre las instituciones y representantes públicos catalanes que, con la proclamación parlamentaria de la independencia, han pasado de la sedición a la rebeldía.

Ayer, el inefable Rufián, uno de los promotores del golpe de Estado que hemos sufrido hoy –en su condición de Portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados y de caricato oficial del independentismo–, uno de los muchos políticos separatistas que han vivido espléndidamente de las 30 piezas de plata recibidas en pago a su deslealtad y su traición, puso un tweet en contra de sus propios socios de gobierno en Cataluña por la negativa de Puigdemont a perpetrar la DUI. El tweet simplemente rezaba “155 monedas de plata” demostrando que aquella máxima que defiende que hay honor entre delincuentes es una invención popular más sin fundamento alguno. Y, con permiso del lector, al aditivo Rufián, oriundo de Santa Coloma de Gramanet (su luchadora ciudad no se merece tener vecinos de esta calaña), me dirijo personalmente a partir de ahora, no sin antes recordarle el pasaje de la Biblia en que se inspiró para su mensaje.

  • Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: ¿Cuánto me daréis si se lo entrego? Y resolvieron darle treinta piezas de plata. Desde ese momento, Judas buscaba una ocasión favorable para entregarlo. Mateo 26, 14-16.

Rufián, tú que acusas a los demás de totalitarios, tú que lanzas la primera piedra y luego escondes, como siempre, la mano, que sepas que el verdadero Judas eres tú que has vendido a tu pueblo, España, y a tus ancestros, aquellos que hablaban tu misma lengua materna, y por mucho menos que el discípulo traicionero.

  • Viendo entonces Judas, el que lo entregó, que Jesús había sido condenado, lleno de remordimiento, devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos diciendo: He pecado, entregando sangre inocente. Ellos respondieron: ¿Qué nos importa? Es asunto tuyo. Entonces él, arrojando las monedas en el Templo, salió y se ahorcó. Mateo 27, 3-5.

Y tú, Rufián Iscariote, a diferencia de Judas, ni has sentido remordimiento alguno ni has devuelto los emolumentos de tu traición ni harás jamás acto alguno de contrición porque si estás en política es para lucrarte renegando de tus orígenes y de la tierra donde reposan tus antepasados, condenando a la ruina económica y moral del totalitarismo nacionalista a todos tus conciudadanos, separatistas o no.

Aunque seas un Rufián, te creo capaz de disfrutar de una buena lectura y, si me permites que te aconseje, te recomendaría leer sobre todo a nuestros clásicos, pues pocas cosas han cambiado de la condición humana desde la aparición de las primeras civilizaciones. Te recomiendo leer “El Quijote”, no sólo porque sea una efervescente explosión de nuestra lengua común –lengua materna de tus progenitores y de los progenitores de tus progenitores y así sucesivamente–, no solo porque se trate de una gran obra literaria sino porque es un retrato aún mejor de la condición humana; y no te equivoques, que no representa sólo a los españoles y su condición –su localización y su lengua son un mero accidente geográfico– ya que trasciende fronteras y es una de las grandes obras de la literatura universal admirada, traducida, leída y respetada en el mundo entero, y esto jamás es fruto de la casualidad sino de la excelencia.

Rufián, si leyeras “El Quijote” –viendo tu timeline de Tweeter me tomo la licencia de pensar que no lo has hecho como me imagino que tampoco habrás leído a Josep Pla, Raimon Casellas, Santiago Rusiñol, Marià Vayreda o Josep Pous i Pagés– seguramente entenderías y compartirías conmigo que me vengan a la mente todo tipo de políticos oportunistas y de escasa intelectualidad y menor ética, siempre dispuestos a vendernos por 30 piezas de plata, al leer este pasaje cervantino, y que actualmente por desgracia –y siguiendo con las citas bíblicas– hoy son Legión y no sólo en Cataluña sino en el conjunto de España.

  • —…y vuestra merced sabe bien que más sabe el necio en su casa que el cuerdo en la ajena.
  • —Eso no, Sancho –respondió don Quijote–, que el necio en su casa ni en la ajena sabe nada, a causa que sobre el cimiento de la necedad no asienta ningún discreto edificio. Y dejemos esto aquí, Sancho, que si mal gobernares, tuya será la culpa y mía la vergüenza.(Capítulo XLIII, Segunda Parte)

Rufianes, sediciosos y rebeldes todos, con vuestra traición habéis entregado la sangre inocente de todos los catalanes, sin importaros si pensábamos como vosotros o no. La culpa de todo lo que está por venir será vuestra, sólo vuestra, pero la vergüenza también.

Y mientras vosotros os regodeáis en vuestra “victoria” pírrica de hoy, muchos de los ciudadanos que conformamos la Cataluña real acudiremos a la manifestación del domingo 29 de octubre en Barcelona organizada por Societat Civil Catalana para defender la legalidad, la convivencia, nuestra democracia y nuestro país, España. Y aunque Colau esta vez tampoco nos ponga ni metros ni autobuses suficientes iremos igual, andando si es necesario.

Pau Guix. 27 de octubre de 2017


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