Rambo con minifalda

Cuando los que estamos desesperados y rodeados por los apaches, vemos abrirse el cielo con la entrada del Séptimo de Caballería, esperamos que termine nuestro sufrimiento y vuelva el orden a la locura, no que se sienten juntos a tomarse un cafetito mientras los indios nos siguen jorobando la vida.

Aplicar el artículo 155 de la Constitución pero sin intervenir los medios de comunicación, es perder el tiempo. Los fabricantes de consignas y de mentiras seguirán haciendo lo mismo.

Aplicar el artículo 155 sin intervenir en los programas educativos es perder el tiempo porque los maestros bien adiestrados a lo largo de los años seguirán cocinando el pensamiento de los futuros catalanes con el mismo victimismo, veneno y odio con el que lo han venido haciendo.

Aplicar el 155 convocando elecciones a 55 días vista y sin hacer limpieza a fondo es retrasar unos días el problema para que se lo coma otro, porque el nacionalismo seguirá trabajando en la sombra urdiendo pactos y convocando asambleas de odio y revanchismo para resurgir después con mayor virulencia.

Más de la mitad de los que vivimos en Cataluña y amamos esta tierra, hemos aguantado la más dura tempestad nacionalista con la esperanza de que al final el Estado de derecho prevalecería porque había una constitución que así nos lo prometía. Los independentistas se mostraban cada vez más arrogantes y altivos porque no encontraban resistencia en la población que se dejaba avasallar silenciosamente. Nosotros, esa población, sabíamos que al final la ley era nuestra y nos defendería de la locura.

Creíamos que los que deben aplicar esa ley serían duros y justos para acabar con tanta arbitrariedad y manipulación. Estábamos acobardados en la escuela, en el trabajo, en el mercado y en la calle porque los independentistas gritaban e imponían su voluntad haciendo uso u abuso de su convicción supremacista. Sabíamos que al final, cuando la loca carrera de esos chicos llegara al punto límite en que todo debe romperse, el Estado Español, con sus instituciones y su Gobierno daría un puñetazo en la mesa para poner de nuevo todo en su lugar.

Pero cuando vimos entrar a Rambo por la puerta, con su rostro duro de quijada varonil y su chaqueta de batalla, soportando su ametralladora, nos quedamos boquiabiertos al verlo lucir una coqueta minifalda sobre una tanga rosada calzando unas medias de fantasía y zapatitos rojos con tacón de aguja. Los apaches respiraron aliviados escondiendo sus cuchillos mientras nosotros permanecíamos boquiabiertos y con los ojos como platos.

Señor Rajoy, quíteles los cuchillos y las flechas a los indios porque si no lo hace, cuando usted se vaya a descansar estos indios se levantarán de nuevo en armas y nos pasarán a todos a cuchillo. Les importa un rábano que la economía de Cataluña se vaya al garete, que no tengan reconocimiento internacional, quedar fuera de la Comunidad Europea, saben que de un modo u otro, al paso de los años, todo eso se arregla. Su convicción se fundamenta en un fanatismo sectario que no atiende a razones y que está dispuesto a asumir el sacrificio que sea necesario. Ellos no quieren ser cola de león sino cabeza de ratón y para ello están dispuestos a todo.

Por favor, señor Presidente del Gobierno, use usted ahora las prerrogartvas que el Senado le confiere y no preste oído a los cantos melífluos que pretenden apaciguar a los indios tal vez por oscuros intereses y sea tan duro como sea necesario para asegurar que a partir de unas próximas elecciones no vuelvan a levantarse los que quieren romper nuestra España.

Xavier Codorníu

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