Uno de los momentos más difíciles al que se enfrenta un “juntaletras” cuando está elaborando un artículo es el de la elección del título. Se dice que el título ha de ser corto, expresivo y atractivo para captar el interés del lector y que debe proporcionar un breve resumen del contenido. Cada periodista, articulista, opinador o como se quiera denominar a aquél que expresa sus ideas con su firma para que le lean otros, tiene su peculiar forma de titular. Yo sigo el consejo que mi padre (un magnífico periodista que aún escribe a los 90 años) me dio: aclara tus ideas, ordénalas en tu mente y titula todo eso que estás pensando reduciéndolo a la mínima expresión posible. Y, luego, lo escribes.
Así lo hago desde entonces, primero el título y luego el desarrollo. Como en el texto que tienen delante. Le he estado dando muchas vueltas a cómo expresar de forma resumida, pero con contundencia, lo ocurrido el jueves 30 de mayo en el Congreso de los Diputados de Madrid. Al final se me ha encendido la bombilla y he saltado a lo Vicky el vikingo, aunque sin cantar lo de “estoy entusiasma-do”, porque precisamente entusiasmado no lo estoy.
R.I.P. ha sido el titular elegido. Requiescat in pace (descanse en paz en latín). Significa exactamente lo que es: descanse en paz la democracia que nos dimos en 1978 y que nos ha proporcionado la época más brillante de la historia de nuestro país; descanse en paz el fin de la política en mayúsculas; descanse en paz la elaboración de leyes para las personas cambiada ahora por la política y la elaboración de leyes para los políticos; descanse en paz “no nos venderemos jamás porque España no se puede romper” a “dame tus 7 votos que te doy lo que me pidas a cambio.” R.I.P. significa también bienvenidos al desastre, bienvenidos a la redacción de normas al gusto de cada político en defensa de su propio culo, bienvenidos a la desigualdad entre españoles y bienvenidos al crecimiento de la tremenda brecha abierta entre los ciudadanos y los políticos de pacotilla y bolsillos llenos que hace que la mitad de españoles no quiera utilizar su derecho al voto pues ya no confía en el sistema.
El jueves pasado, a los millones de catalanes que seguimos sintiéndonos catalanes y españoles, nos asoló la tristeza y la rabia. Por igual y con la misma intensidad. Es obvio que todos sabíamos que Sánchez y su Psoe + Psc habían elaborado una Ley de Amnistía que ultrapasaba todas las reglas jurídicas y de respeto a la Constitución por esos 7 votos de porquería. Pero confiábamos en un milagro de última hora que lograra provocar la retirada de la Ley y dijera al nacionalismo: “hasta aquí hemos llegado”. Y no llegó.
Al contrario, el cobarde Sánchez apareció un ratito por el Congreso, votó y se largó. Siquiera defendió personalmente la Ley, mofándose un poco (o un mucho) de todos los españoles que esperábamos su discurso para entender por qué ha quebrado España. Probablemente tenía mucho trabajo analizando como defender a su amada Begoña de la imputación por corrupción y tráfico de influencias o en cómo ayudar a los terroristas de Hamás. Cosas más importantes para ese sujeto, sin duda, que la unidad de España.
Lo peor no es la Ley en sí (aquí podemos opinar de una forma u otra según el lado del cristal con el que la contemplemos) si no que lo peor es que se ha borrado de un plumazo la historia reciente desde el 2014 hasta hoy. Diez años en los que los independentistas catalanes pasaron de los que no lo somos y nos impusieron un “estado de terror y opresión” más propio de la Alemania nazi que del siglo XXI. Todo ello aderezado de un relato inventado de un ancestral país imaginario que había perdido la libertad…. Si, “para mear y no echar gota” como decía mi abuelo.
Decía que lo peor no es aprobar esa Ley si no la tomadura de pelo que significa para millones de catalanes que hemos sido ninguneados, oprimidos, perseguidos, ofendidos y extorsionados ver como a nosotros no se nos defiende ni considera y sólo se “restituye” el honor y los derechos a los extorsionadores y opresores. ¿Se imaginan que en la Alemania post-hitleriana hubieran redactado una ley donde hubiesen eximido a los asesinos nazis y les hubieran perdonado y puesto al mismo nivel jurídico que los asesinados y quemados? Pues eso es lo que ha sucedido en Cataluña: Puigdemont y compañía pueden pasearse con la cabeza bien alta como si nada hubiera sucedido, como si nada hubiera pasado ni nada hubieran trincado. Ojo, y ahora volverán con su matraca independentista, sin rubor alguno (evidentemente perdón no lo han pedido) “exigiendo” el referéndum a medida (no el legal, por supuesto) y lo que haga falta.
Porque para ello tienen a su amigo Sánchez (le llaman “el traidor” por los madriles y el “caganer” en Cataluña por los mismos políticos a los que apoya) y a los bobalicones del PSOE y el PSC que le aplauden las gracias y el sueldazo que ganan sin dar ni palo al agua. Eso sí, recuerden que el próximo domingo día 9 deben votarles en las europeas para que sigan haciendo lo que les “sale de allí” los socialistas y sigan tomándonos el pelo.
Allá ustedes. A mí siempre me queda el comodín del “refugio político” pidiendo la acogida en cualquier comunidad que no manden, jamás, los socialistas tal como hacen las empresas catalanas, trasladándose hacia comunidades que les consideren y no les machaquen a inestabilidad, a absurdas normas lingüísticas y a muchos impuestos. La única consecuencia de tanta partida es que quien se queda a defender a los catalanes y españoles son aquellos que nos han vendido por siete platos de lentejas: los socialistas. Mal negocio hacemos con esos… Habrá que echarlos a ellos desde aquí defendiendo a la Cataluña real no la inventada, la que representamos millones de ciudadanos callados y cansados.
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