A fecha de hoy, y si me equivoco que alguien me corrija, Alejandro Fernández sigue siendo el presidente del Partido Popular en Catalunya a pesar de sus muchos “amigos” internos. Recordemos que en el 2021 Fernández encabezó la candidatura del PP a las elecciones autonómicas y consiguió una pésima representación: 3 diputados. A la par Vox, que venía de no haberse presentado en las anteriores del 2017, logró un resultado extraordinario al conseguir 11 diputados situándose como la cuarta formación política en Catalunya. Por el centro del panorama político catalán vimos como Ciudadanos arrojaba a la basura su extraordinario apoyo de los catalanes en el 2017 y pasaba de 36 diputados a sólo 6. Treinta diputados perdieron por el camino que muy agradablemente aceptaron Psc y Vox, los grandes beneficiados de la hecatombe de los de Arrimadas.
Mientras tanto, el PP seguía en caída libre gracias al “liderazgo” nacional de Pablo Casado y a los innumerables casos de corrupción por los que fueron castigados por el votante español de todas las provincias y comunidades. Y bajó de 4 a 3. No es mucho, pero sí lo suficiente para decir que, a vista del electorado catalán, no son más que una fuerza residual dependiente de lo que les dicten desde Madrid.
Y, obviamente, para ser dirigidos por Madrid el electorado prefirió un partido que actúe sin ambages y no se acompleje, como Vox, prestándole su voto. En las elecciones generales de julio del presente año muchos dimos como clave del “no Gobierno” de Feijoo los resultados del PP en Catalunya: 6 diputados frente a los 19 del PSC-PSOE (si en las anteriores perdían de 10 ahora pierden de 13 respecto a los socialistas y facilitaban los pactos antinatura de Sánchez por vía matemática). Es decir, aunque caigan todos los pesos pesados de Madrid en tromba en Catalunya, su discurso “centralista” ni ha cuajado, ni cuaja ni cuajará nunca.
Aquí es donde la figura de un personaje con relato potente y de verbo fácil, un gran orador, que no se mimetice con Vox, que conozca bien la realidad catalana y sea capaz de frenar la sangría de votos hacia el PSC de Salvador Illa, podría alzarse como el “pal de paller” del centro-derecha catalán que, en este momento, está más huérfano que nunca al no existir nadie que cubra ese enorme hueco.
Si a usted le ha venido a la cabeza la figura de Alejandro Fernández, como a mí, para liderar ese espacio y ese discurso serio, centrado, beligerante pero conciliador, moderno pero contundente debo decirles, sencillamente, que nos hemos equivocado. Porque en la calle Génova de Madrid, que es donde se decide lo que deben hacer desde la calle Urgell de Barcelona, piensan en un montón de candidatos y ninguno de ellos es Alejandro Fernández y no hacen más que encender el ventilador para que lleguen a las cuatro esquinas los rumores de los ansiosos de asientos remunerados y ver si alguno de ellos vale la pena.
Dice el CEO (Centre d’Estudis d’Opinió) que no es otra cosa que el CIS catalán, que el PP pasaría en las próximas elecciones autonómicas a obtener una horquilla de 12 a 17 diputados. Teniendo en cuenta que se viene desde los 3 actuales parece un gran triunfo (en eso se quedarán los gurús de Madrid) pero la realidad es que se crece sólo a base de los diputados de Ciudadanos, que desaparece, y a los que pierde Vox. Es decir, volvemos a la teoría de los vasos comunicantes de la derecha en Catalunya: siempre son los mismos votos y más o menos los mismos diputados porque son incapaces de captar otros.
Y aquí radica el problema del porqué en Catalunya Salvador Illa y su PSC (que crece desde los 33 a los posibles 45 diputados), aunque naden y guarden la ropa constantemente, son capaces de girar la cabeza a izquierda y derecha y encontrar los votos suficientes para ser importantes para Catalunya y para España. Mientras los de Illa tienen una hoja de ruta clara aquí tenemos a un PP en barbecho porque todos quieren la silla de Alejandro Fernández y nadie piensa en la solución de los problemas reales de los catalanes, sean o no sean secesionistas.
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