El ‘Vivales’ es el mote que el padre del periodista gerundense Albert Soler le puso a Carles Puigdemont al verlo un día en televisión. Hacía referencia a la cara dura y los pocos escrúpulos que el prófugo de Waterloo tiene. Y acertó de lleno, porque el personaje que tiene en sus manos la gobernabilidad del país es alguien que huyó en un maletero en 2017 y que desde entonces lleva sableando a diestro y siniestro para llevar una vida a cuerpo de rey.
Soler ironiza en sus artículos sobre la mejor manera de evitar que Puigdemont regrese a España, que es que la mujer del prófugo de Waterloo, Marcela Topor, se ponga a ello. Una mujer que ha podido desembarazarse de un personaje siniestro, que vive tranquilamente en una casa amplia y confortable con sus hijos y que tiene un buen sueldo, unos seis mil euros al mes, por hacer un programa de televisión semanal en una cadena local, ¿para qué necesita que un día Puigdemont se le plante en la puerta queriendo entrar en el domicilio conyugal?
Bromas aparte, Puigdemont se ha convertido en un personaje tóxico que ha contribuido al deterioro de la convivencia en la sociedad catalana y en el conjunto de la sociedad española. El ‘Vivales’ ha demostrado ser una auténtica lacra que destroza todo lo que toca con el único objetivo de satisfacer sus egolatría y sus ansías de poder.
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