Puigdemont, Europa y otros desamores

Los independentistas llevan tanto tiempo utilizando conceptos falsos, que han llegado a instalarlos en el lenguaje que se utiliza en las calles. ‘Presos políticos’, ‘demócratas’, ‘franquistas’, ‘gobierno legítimo’, ‘exilio’, ‘opresión’… , y ese mismo lenguaje es el que ha utilizado Carles Puigdemont en su última entrevista. El expresidente de la Generalitat vuelve a hacer el ridículo frente al resto del mundo. En “casa” ya le conocemos y parece que el esperpento es menos ridículo porque ya estamos acostumbrados, pero la entrevista que concedió para el canal público israelí Canal 1 Kan debería hacernos sentir vergüenza de lo mal que escogemos a nuestros gobernantes.

La mentira y la incongruencia ya no sorprenden en exceso al catalán medio. El Govern que lideró Carles Puigdemont ha reconocido ya varias veces haber mentido u ocultado partes de la verdad, hasta el punto de reconocer que no son mayoría después de haber proclamado lo contrario por tierra, mar y twitter. El problema de tanta mentira es que cuando mientes mucho acabas por creerte tus propias mentiras, y después, el choque con la realidad es complicado de digerir.

El 1 de abril de este mismo año Puigdemont afirmaba que Europa estaba cambiando de posición muy claramente y que la tendencia era allanar el camino. Su socio, Junqueras, llegó a afirmar en 8tv que “la continuidad dentro de la Unión Europea está garantizada”. De nada sirvió que todas las instituciones europeas dieran la misma respuesta porque al final todo esto de la independencia no era más que un acto de fe. Muchos catalanes realizaron actos de fe, y ahora muchos de ellos se han dado cuenta de que ese acto de fe es complicado de mantener hasta para los más creyentes.

Marta Pascal (coordinadora del PDeCAT) en su intento de hacer “encaje de bolillos” entre la realidad y su ficción llegó a afirmar que esto o va de pactos o no va de nada, evidentemente sin decirlo tan claro porque al final los independentistas ahora tienen que asumir dosis de realidad sin perder devotos. En esto mismo parece que anda Marta Rovira, de ERC, que no tiene ningún reparo en mentir afirmando que el Gobierno les dijo que enviaría al ejército y habría muertos en la calle. Las mentiras en política suelen tener las patitas muy cortas, pero cuando quien te dice que mientes es un arzobispo, parece que el ridículo es todavía mayor. Juan José Omella (arzobispo de Barcelona), negó que en su intento de mediación entre la Generalitat y el Estado antes de la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) se advirtiera de violencia por parte del Estado. Los intentos a la desesperada por mantener unida a la “parroquia” independentista están siendo bochornosos.

El que parece que tiene un problema serio con la aceptación de la realidad es nuestro querido Puigdemont, que desde Bruselas lanza una tremenda pataleta contra la Unión Europea. Ahora el gran visionario de la política internacional considera que “a lo mejor no hay mucha gente que quiera formar parte” de esta UE. Es decir, pasa de anunciar a Europa como el gran mediador en todo este conflicto, a considerar que probablemente muchos catalanes no tenemos ningún interés en seguir formando parte de la UE.

Si vemos las razones por las que Puigdemont llega a la conclusión de que probablemente muchos no queremos estar en esta UE, nos daremos cuenta de que el problema real lo tiene con los conceptos que utiliza. Puigdemont considera que no queremos estar en “la Europa del señor Juncker y Tajani”, por ser “tan insensible al atropello de los derechos humanos, de los derechos democráticos de una parte del territorio sólo porque una derecha postfranquista tenga interés en que sea así”.

Nadie con algo de credibilidad en el mundo considera que exista atropello a derechos humanos en España, nadie considera que exista vulneración de derechos democráticos, pero claro, como el resto del mundo son todos unos “postfranquistas” ¿qué más dará lo que digan?

El que de verdad sabe de democracia es Puigdemont.  Según el expresidente los catalanes “deberían decidir si quieren pertenecer a esta Unión Europea” y “en qué condiciones”. En la lógica del “todo se puede votar” parece tener sentido, pero ¿de verdad podemos votar en qué condiciones queremos estar en la UE? ¿no se suponía que seguiríamos siendo miembros de la UE? Lo de Puigdemont y las ansias de votar empieza a ser preocupante.

En su papel de salvapatrias Puigdemont se declara partidario de la UE y asegura que va a “trabajar para cambiarla”. La pregunta es ¿cómo piensa hacerlo desde fuera de la Unión Europea? O ¿Seguiremos dentro porque dejará de intentar independizarnos? Probablemente Puigdemont todavía crea que en caso de una declaración unilateral de independencia Cataluña seguiría dentro de la Unión Europea o algo peor, quizá todavía cree que volverá a ser presidente y que los Reyes no son los padres.

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