Dediquem “Nas de pallasso” a en @valtonyc, contents del teu retorn, si no hi ha #Llibertat d’expressió no hi ha democràcia” i si voltes per #Lleida un dilluns, ja saps. #CantairesDePonent #CorPlaçaPaeria @ANCLleidaSegria @OmniumLleida @ACDretsCivils pic.twitter.com/NkC32ePkEp
— Cor Plaça Paeria (@CorPaeria) November 18, 2023
El separatismo está ganando, de calle, la batalla del poder en Cataluña. Controla prácticamente todos los resortes de la sociedad catalana. Su uso discrecional del dinero público para expandir su red y los apoyos que ha gozado de casi todos los inquilinos de La Moncloa has sido factores muy importantes en su éxito. Pero no podemos desdeñar otro que también ha sido decisivo.
Y es su constancia. Hay un grupo, si quieren no mayoritario, pero tampoco insignificante, de activistas separatistas que no paran de movilizarse. Aunque sean cuatro gatos, ahí están, erre que erre, poniendo continuamente carpas a las que apenas se acerca nadie, o montando actos por todos los pueblos de la comunidad autónoma.
Un ejemplo es el Cor Paeria, en Lérida, que llevan tocando al lado del ayuntamiento de esta localidad todos los lunes, desde hace seis años, usando todos los mantras propagandísticos del secesionismo, y piden el «retorno» de los que llaman «exiliados» y la «libertad» de los que denominan «presos políticos». A menudo solo son unos pocos los que les escuchan. Pero allí están semana tras semana. Sueltan su rollo y luego cantan. Sin desfallecer.
Está claro que este orbe de activistas diseminados por toda Cataluña juega a favor de corriente, que sus carpas no son vandalizadas, que sus actos callejeros cuentan con el apoyo del poderoso aparato mediático secesionista y de la multitud de instituciones que controlan. Los regidores se acercan a saludar, y la prensa local les trata con respeto.
Pero en vez de estar en sus casas tranquilamente o en un gastrobar con los amigos ahí andan por toda Cataluña día tras día, tocando la guitarra o repartiendo chapas mientras hablan de una España «opresora» y una «República liberadora». Mientras, el constitucionalismo está perdiendo terreno y, encima, el orbe socialista ha cambiado de bando y ahora ya no es «equidistante», como antaño, sino directamente compañero de viaje del separatismo. La ley de amnistía es un buen acicate para reactivar el activismo constitucionalista e intentar alcanzar la misma constancia que muestran los sectores más movilizados del secesionismo.
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