Plataforma Ahora pide “una RTVE libre y plural”

Gorka Maneiro en una foto de archivo

Plataforma Ahora, la entidad cívica que coordina Gorka Maneiro, ha hecho público en su web su posición sobre la renovación de los cargos directivos de RTVE:

La noticia era sencilla: Andrés Gil, el redactor jefe de información política de El Diario.es, era propuesto como nuevo presidente de RTVE. Parece normal que un periodista se haga cargo de la radio televisión pública. Desconocemos si el bagaje profesional e intelectual de esta persona es suficiente para un cargo de esta entidad, pero confiamos en que así sea. El problema, sin embargo, es el mismo de siempre: Andrés Gil es otro delegado del partido gobernante.

En este caso, ungido por el secretario general de un partido minoritario que se jacta de haber llegado a un acuerdo con el Presidente Sánchez para ponerlo a dedo. Que el partido del racista Sabino Arana saliera horas después en plan “aquí mando yo y este tal Sánchez no es nadie sin nosotros” no es más que parte de un largo episodio de mercadeo partitocrático. Sic transit. Desgraciadamente, se sigue sin tener en cuenta a los trabajadores del sector y de la empresa y se continúa sin apostar por la independencia o la veracidad. La vida sigue igual para la televisión pública estatal, tal y como, de hecho, sucede en las autonómicas.

Los problemas de RTVE vienen de hace tiempo. La ilegitima intromisión del poder partitocrático en RTVE tuvo un momento señero cuando el PSOE de Alfonso Guerra y del padre de la actual Ministra de Economía, José María Calviño, cancelaron el programa de debate La Clave.

La Clave era una adaptación de un programa francés, en el que invitados con conocimiento de un tema, debatían después de ver una película vinculada al mismo. La inteligencia y buen hacer periodístico de su presentador y director, José Luis Balbín, lograron acercar a la audiencia una gran diversidad de temas. Así, se programaron debates sobre el Opus Dei o la democracia, pero también sobre la canción española o la evolución humana. Desde entonces, RTVE en democracia ha sido el aparato de propaganda del partido gobernante.

La reforma de TVE del Presidente José Luis Rodríguez Zapatero fue un paso decisivo en la erosión del TVE como servicio público y puso en cuestión su propia viabilidad al retirar la publicidad. Todo ello se hizo en un contexto en el que el PSOE benefició a Mediapro, la empresa del hoy aliado del golpismo nacionalista, y consolidó un bochornoso duopolio audiovisual que controla más del 85% de la publicidad y al que encima el contribuyente financia indirectamente por la pérdida de la publicidad en TVE.

La escandalosa carencia de pluralismo en el panorama audiovisual español tiene su correspondencia en unas cadenas públicas convertidas en aparato de propaganda del gobierno de turno. Y no solo TVE. Como hemos señalado, TV3, Canal Sur, Tele Madrid o ETB reproducen desde hace años este modelo. Las víctimas de este desvergonzado uso partidario de un patrimonio de todos son dos: los trabajadores de estos medios y la ciudadanía.

Los trabajadores de RTVE y de otros medios públicos autonómicos han sido espectadores de este proceso de patrimonialización privativa de lo público. La inmensa mayoría de trabajadores honestos y competentes de estos medios han asistido durante años a los enjuagues y negocios de los políticos de turno o sus subordinados, que han actuado como verdaderos comisarios políticos, persiguiendo la opinión libre y liquidando cualquier atisbo de pluralismo.

La entrada de productoras privadas, para realizar programas que las televisiones públicas podían realizar, ha sido otra de las desvergonzadas acciones de los partidos. Productoras de confianza, productoras “pata negra”, contratadas por miles de euros, mientras se engordaba la deuda y se marginaba a los profesionales de la casa.

Pero la segunda gran víctima de esta sucia instrumentalización propagandista de los medios de todos son, precisamente, los ciudadanos. Y no solo porque se use el presupuesto para beneficiar a unas empresas con el fin de que estas devuelvan el favor en tiempo y hora al partido.

Tampoco porque pague el déficit de una TVE sin publicidad, mientras que el duopolio televisivo obtiene beneficios record, gracias al control que ejercen del mercado publicitario. Ni tan siquiera porque esa misma deuda de los medios públicos se acreciente con la contratación de productoras afines al gobierno de turno. No, aunque todo eso sea de enorme gravedad no es lo peor. Una televisión que debería ayudar a construir una ciudadanía más cívica comprometida y formada, está justamente llevando a cabo la labor contraria. Si usted va a un bar y le sirven una ensaladilla en mal estado, al dueño del local se le cae el pelo y con razón.

Pero si usted enciende su televisión y se encuentra con contenidos de una calidad escasa, que directamente promueven el machismo, elogian la incultura y glorifican el éxito al precio que sea no hay un libro de reclamaciones al que acudir. Con la llegada de la TDT la diversidad en los medios ha decaído aun más. Y TVE se ha contagiado de ello, en un escenario de baja financiación y de erosión sin pausa de la calidad. Hitos de la última, y nefasta, gestión del PP en TVE han sido por ejemplo el contrato suscrito con Enrique Cerezo para programar su paquete de cine español (por cierto, ¿cómo es posible que una sola persona controle los derechos de casi todo el cine español?) todas las noches en La 2 o los contratos de miles de euros a presentadores, en un escenario de recortes y despidos de los profesionales del medio.

Necesitamos una RTVE pública gobernada por sus trabajadores y que responda a la idea de servicio público, que hurtó el gobierno de Zapatero con la aprobación de su Ley General Audiovisual. Una RTVE bajo el control ciudadano, no partitocrático, y que promueva los valores y libertades públicas constitucionales.

Existen modelos, pero estamos seguros que los profesionales del medio podrían desarrollar uno plenamente satisfactorio que proteja la independencia y salvaguarde el necesario pluralismo del medio. Tenemos grandes periodistas de todas las ideologías y con muchos años de experiencia que podrían ayudar a conformar este modelo televisivo independiente. Se trata de que los medios públicos garanticen diversidad de enfoques y opiniones en sus programas, a la vez que sean críticos e imparciales frente a los poderes y los procesos electorales, respectivamente.

Necesitamos una televisión pública y democrática, capaz de descubrir a la ciudadanía la ingente cantidad de conocimiento y belleza que les rodea. Una televisión que abra a las personas las puertas del buen cine, del teatro, de la ciencia, que ofrezca oportunidades a las bandas de rock noveles de salir en televisión, a músicos con sus propias canciones y letras. Una televisión que ayude a reflexionar críticamente sobre la realidad, que desafíe al espectador con programas originales y creativos. Una televisión que informe de la manera más imparcial posible y que contraponga opiniones y valoraciones diversas.

El periodista Edward R. Murrow, que luchó con su micrófono en primera fila contra la caza de brujas del senador McCarthy e interpretado de forma magistral por David Strathaim en la película Good night and Good Luck, decía de la televisión: “Este aparato puede enseñar e iluminar, no sólo entretener y aislar. Si no, sólo es una caja de cables y luces”. Las palabras de Murrow siguen vigentes. Buenas noches y buena suerte. La vamos a necesitar.


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