Podemos ha vuelto a escenificar su debilidad política en las calles de Madrid. La formación ultraizquierdista intentó boicotear la visita del Maccabi Tel Aviv, que se enfrentaba al Real Madrid en el Movistar Arena la Euroliga, sin éxito alguno. El fracaso de la convocatoria fue total, evidenciando que el discurso radical del partido ya no moviliza ni siquiera a sus bases más fieles en la capital: apenas asistieron doscientas personas.
La ausencia de figuras clave fue el detalle más comentado de la jornada. Irene Montero, principal referente del partido en Europa, decidió no acudir a la protesta que ella misma había alentado desde las instituciones. Este desplante deja a la dirección del partido en una posición comprometida, mostrando una falta de cohesión interna en sus propias movilizaciones de calle.
La representación de la formación quedó reducida a Ione Belarra – secretaria general – y Pablo Fernández – portavoz . El naufragio es especialmente sonoro si se tiene en cuenta la intensidad con la que el partido ha intentado politizar el conflicto en Oriente Próximo durante las últimas semanas.
Resulta paradójico el despliegue de seguridad organizado por la Delegación del Gobierno: Francisco Martín ordenó la movilización de más de 400 agentes de la Policía Nacional para vigilar a un grupo que no llegaba a la mitad de esa cifra. Hubo más efectivos policiales en los alrededores del pabellón que manifestantes apoyando las consignas de la formación morada.
La presión de Podemos para que el encuentro de baloncesto fuera suspendido también cayó en saco roto. La Euroliga mantuvo el calendario previsto, aunque el partido se disputó finalmente a puerta cerrada por motivos de seguridad. Esta decisión organizativa dejó sin argumentos a quienes buscaban convertir el evento deportivo en un escenario de confrontación ideológica.
El tono de la protesta, marcadamente propalestino, no logró conectar con el ciudadano medio madrileño. La estrategia de señalar a un equipo deportivo por las decisiones de su gobierno vuelve a demostrar el sectarismo de una formación que agoniza. Para muchos, este tipo de actos solo buscan una cuota de pantalla que las urnas les están negando sistemáticamente.
Mientras Belarra y Fernández intentaban jalear a los escasos asistentes, la vida en la ciudad continuaba con absoluta normalidad. El Real Madrid y el Maccabi cumplieron con su compromiso profesional ajenos a un ruido político que no pasó de la anécdota. Ganaron los ‘merengues’ (98-86). La desconexión entre las prioridades de Podemos y la realidad de los españoles es cada vez más profunda.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.




















