En una entrevista concedida en territorio afín, Radio Nacional de España, el presidente del Gobierno fue preguntado acerca de si volvería a buscar el voto favorable de ERC y Bildu a sus propuestas. La respuesta fue meridianamente clara: “Por supuesto”. “Para sacar adelante una reforma laboral busco votos hasta debajo de las piedras… Para avanzar yo pacto con quién haga falta”, afirmó sin pudor.
Ignoro el emplazamiento de las piedras del Sr. Sánchez. Yo he ido a mirar a ver qué había debajo de las mías. Y sólo he encontrado odio, hispanofobia y rabia. El odio, la hispanofobia y la rabia de aquellos que las fueron lanzando a las ventanas de la sede de la formación política de la cual entonces yo era portavoz en Lérida.
Fueron varias las ocasiones, todas denunciadas a los Mossos de Esquadra, y nunca se encontró a los culpables, obviamente. Iban acompañadas de pintadas, amenazas e insultos… y si tienen tiempo y ganas, busquen las condenas o muestras de apoyo por parte de los socios de Sánchez. Ya avisarán si las encuentran.

Dejando aparte la indefensión que sufrimos los que no somos separatistas en Cataluña, las palabras del presidente del gobierno me parecen estremecedoras. “Con quién haga falta”, dice. Aunque ese quien lleve a sus espaldas ser los herederos de los que han masacrado a los españoles mediante bomba lapa o tiro en la nuca. Con los mismos que se hacen vídeos bien juntitos, ERC y Bildu, en mítines en Barcelona, y que se deleitan haciéndose selfies con sonrientes admiradores. No fueron a pasearse donde se situaba Hipercor, en la Meridiana, con sus 21 muertos y 45 heridos abrasados y volados en pedazos… esa misma Meridiana cortada sistemáticamente desde hace años por los separatistas con la complacencia de Interior.
Así que ya ven. En la balanza moral de quien gobierna España pesa infinitamente más una reforma laboral que los asesinados, mutilados y expulsados de sus hogares por Eta y sus admiradores. Más que los daños incontables del Prusés. Más que los traicionados policías, guardias civiles y militares que cumplen las instrucciones de su siniestro ministro del Interior. Más que la decencia, más que la justicia, más que nada.
Soy consciente que Pedro Sánchez Castejón no se leerá este artículo. Y aunque lo hiciera, se la traería al pairo, siendo vulgar. No verá las piedras que guardo, debidamente datadas, para tener las pruebas de lo que sucede cuanto te enfrentas al separatismo. No me importa, la verdad. Lo único que espero es que este próximo 23 de julio, el tortazo electoral que se lleve sea morrocotudo, por inmoral. Desearía también que nadie más tuviera que ir recogiendo muestras de odio, ya sea en forma de piedras, de coacciones o de insultos por defender sus ideas o al Estado de Derecho.
Lo deseo, pero no lo espero, porque la podredumbre que anida en buena parte de la sociedad española costará mucho de erradicar. Yo seguiré guardando esas piedras, convertidas en doloroso testimonio, para enseñarlas cada vez que el Psoe/Psc se ponga estupendo con sus logros, conseguidos a base de no mirar según que piedras.
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