Pedro Sánchez ha vuelto a demostrar que su compromiso con la palabra dada es, cuanto menos, volátil. El presidente del Gobierno decidió cancelar unilateralmente su entrevista prevista para este viernes en El matí de Catalunya Ràdio. La noticia saltó apenas doce horas antes de la cita, dejando al equipo del programa con un hueco difícil de llenar y un profundo malestar.
La espantada no ha sentado nada bien en los estudios de la radio pública catalana. Ricard Ustrell, presentador del espacio, no ha ocultado su indignación ante lo que considera una falta de respeto institucional. El periodista ha arrancado su programa con una reflexión contundente sobre la fiabilidad de quienes ostentan el poder en España.
Para Ustrell, la actitud de Sánchez choca frontalmente con el discurso que el propio PSOE intenta vender. El presidente se llena la boca con la «regeneración democrática», pero actúa de espaldas a los medios cuando le conviene. La confianza, base de cualquier sistema democrático, se quiebra cuando la agenda política ignora los compromisos adquiridos con la audiencia.
Resulta especialmente llamativo que Sánchez se encuentre físicamente en Barcelona mientras evitaba los micrófonos. El líder socialista preside en la capital catalana una cumbre con mandatarios internacionales de corte progresista. Al parecer, prefiere el confort de las fotos oficiales con sus homólogos extranjeros antes que rendir cuentas ante la opinión pública local.
El presentador ha recordado que dignificar la política pasa por rebajar la toxicidad y recuperar el prestigio de las instituciones. Sin embargo, los hechos de Sánchez desmienten sus intenciones declaradas. No se puede regenerar la vida pública si la palabra del presidente del Gobierno de España carece de valor real ante la prensa.
La toxicidad no solo se combate con leyes, sino con una actitud ejemplar que el actual Ejecutivo parece haber olvidado. La pérdida de confianza en las instituciones es una preocupación creciente entre la ciudadanía. Plantones como el de este viernes solo alimentan el escepticismo de un electorado cansado de promesas incumplidas y cambios de guion.
Sánchez pide confianza a los ciudadanos de forma constante para sacar adelante su agenda personal. No obstante, la fiabilidad es una vía de doble sentido que el presidente transita únicamente en la dirección que le beneficia. Quien exige fe ciega en su gestión debería, al menos, ser capaz de cumplir con un compromiso de agenda básico.
El malestar en la radio pública es un reflejo de una forma de hacer política basada en el cálculo electoral y el desprecio al mensajero. El PSOE se siente cómodo en el marketing de las grandes cumbres, pero huye de la cercanía que exige el periodismo en directo. La política se dignifica con hechos, no con eslóganes vacíos de contenido.
Sánchez ha dejado claro en Barcelona que su prioridad es la foto internacional y no la transparencia doméstica. Mientras el presidente se rodea de líderes afines, el prestigio de su cargo se desgasta por la falta de rigor. La palabra de un presidente debería ser ley, pero hoy en Cataluña solo ha sido otra promesa rota.
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