La entrada en el Parlament de Aliança Catalana es la consecuencia lógica del fanatismo que ha arraigado en parte del electorado separatista durante los más de doce años de ‘procés’. TV3, Catalunya Ràdio y el resto de medios controlados por el secesionismo han ‘calentado’ a buena parte de la sociedad catalana y el fruto de este enloquecimiento fue, primero, la aprobación en el Parlament de unas leyes antidemocráticas (la de Transición y la del Referéndum), que violaron los derechos de la oposición y de millones de catalanes.
Luego, un probado supremacista como Quim Torra llegó a la presidencia de la Generalitat – nunca este cargo cayó tan bajo en su prestigio a causa de este personaje – gracias a la abstención de la teórica ‘antifascista’ CUP, sin cuya complicidad no habría salido adelante s investidura. Y la traca final ha sido la irrupción de Silvia Orriols, que no hace más que coger la bandera de defensa de las ‘esencias’ catalanas contra españoles e islamistas. Ha conseguido dos escaños, cerca de 120.000 escaños y un 4% de los votantes.
Cuando vendes durante años, que es lo que ha hecho TV3 y el resto de medios del ‘espacio comunicacional catalán’, que los catalanes «somos mejores» y «diferentes» al resto de españoles era cuestión de tiempo que enraizara un partido como el de Orriols. El separatismo ya lo tiene y ahora le toca ‘disfrutarlo’. Nunca unas propuestas tan abiertamente racistas y supremacistas habían conseguido representación en un parlamento en España. Este ‘logro’ se debe al separatismo catalán. Uno más.
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