Estamos a 30 de abril. Ha pasado el deseado día 28. Una fecha de esperanza y de ilusión que no se ha sabido aprovechar.
Ha sido una jornada que, doliéndonos el alma a muchos, ha servido de impulso revitalizador para los que deberían estar ahora haciendo maletas, pensando en dejar La Moncloa y despidiéndose del Falcon.
Con un éxito que no nos queríamos creer, dando la razón incluso a encuestas que resultaron no ser tan cocinadas como pensábamos, el presidente ha dejado de ser un okupa, pasando a disponer de ese rol de una forma acreditada y habilitada, tras enfrentarse al reto de las urnas y salir victorioso.
Por mucho que nos duela y nos cueste entenderlo, el aviador renovará su cargo y tanto él como su séquito, que dábamos por sentado iban a abandonar sus poltronas, dejarán de estar “en prácticas”.
Parece que nada nos va a librar de cruzar el desierto de la crisis económica, política y territorial con ellos gestionando el país. Que Dios nos pille confesados. Mantengamos la esperanza de que, cuando se vayan, aun quede algo.
Con la experiencia acumulada, aferrándose al poder sin valorar los costes que ello supone, podrán destrozar y finiquitar el Estado, venderlo y machacarlo para hacerle la gracia a los amigotes separatistas que tanto han deseado un Gobierno mediocre y apátrida como el que se prevé. Pero que nadie olvide que por encima de esa burocracia y establishment está la Patria (en mayúsculas), y eso no lo van a poder vender por muchos Falcon y conciertos en Benicassim que se programen.
La estrategia electoral del sanchismo alargará el camino de la gobernabilidad nacional, demorando la estocada que nos espera, evitando que sea visible su sumisión a los populistas, soberanistas y golpistas, dejando que pase la cita electoral de las europeas, municipales y autonómicas a finales de mayo. No van a contradecirse en pleno meollo. Ya no viene de aquí.
Será con el pescado vendido cuando resurgirán esos términos humillantes que parece no importar a muchos de los votantes. Llegará el momento de hablar y hacernos entender lo bueno del “indulto”, “referéndum”, “plurinacionalidad”, etc. Saben los ganadores del domingo que en algún momento deberán tragárselos si quieren seguir en la cúspide del poder con sostenibilidad. Da igual lo que diga la hemeroteca y lo que hayan prometido. Nos la intentarán colar. No será la primera vez que el ansia de poder y el ego ganan la partida. Aunque, si quieren convencernos, les anticipo que lo tienen claro con algunos. Por esa grieta en la legalidad y la coherencia muchos no entraremos de ninguna de las formas.
Parece que no somos del todo conscientes del riesgo que existe de que la nación que hemos heredado y que estamos obligados a defender, en beneficio de las generaciones futuras, siga existiendo tras la segunda oleada que nos espera de cesiones y concesiones para contentar al separatismo, que hoy niegan con miras electoralistas pero ya veremos más adelante.
Creo que tras el varapalo hemos aprendido una lección espectacular. La tormenta perfecta que ha supuesto por un lado la llamada a arrebato de la izquierda, ante el peligro de la omnipresente “extrema derecha” que tanto repetía “Pedro el hermoso”, junto al ansia de presencia parlamentaria a costa de una fragmentación ruinosa que, sumada y aglutinada podría haber sido imparable, nos han llevado a una situación de fragilidad que sobrepasa el escenario más catastrofista que se había previsto.
Seamos inteligentes. Ahora toca darse cuenta de lo que tenemos enfrente y combatirlo. Los municipios son lo más próximo al votante, debiendo lograr que todos los votos valgan y tengan utilidad.
El 28A ya ha pasado y se pudo jugar a ver quién es el que lanza el hueso de aceituna más lejos, o quién es el más guapo, cabalga más erguido, tiene más amigos en el IBEX, lleva el mejor peinado o viste más elegantemente, pero con las elecciones municipales a la vista obremos con más cordura.
Por eso digo que sí, a tenor de los resultados recientes, sabemos que hay candidaturas que no llegan al umbral necesario para tener presencia en los ayuntamientos, invitemos al electorado a sumarse a otras candidaturas que realmente sumen y pongan en los consistorios candidatos constitucionalistas que defiendan, a lo largo y ancho de España, pero principalmente en Cataluña, la unidad de nuestro país. Con esa intención algunos hemos dado un paso al frente y nos hemos sumado a candidaturas como la que lidera el Sr. Josep Bou en Barcelona.
Seguir empecinados en votar a quienes no lleguen al mínimo supone, indirectamente, dar apoyo al separatismo. Dar alas a los partidos que quieren romper España. Por tanto, hay que valorar muy seriamente el voto antes de depositarlo en la urna porque ahora no todo vale y cada municipio juega su liga.
Ya veremos como anda uno de fuerzas y de empuje cuando pase el 26M. Esperemos que pase esa fecha pasa saber sí, como dije en alguna ocasión, compete dedicarse a las recetas culinarias y dejar de hablar de una política que, en muchas ocasiones, se hace muy difícil de entender y comprender.
Javier Megino
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