Nuevamente entramos en barrena, aumentando la probabilidad de que acabe viciado con esto de las infusiones.
Sin entrar en detalles, no estando en mi mejor momento, se vislumbra un día más de compulsiva necesidad de meter en el cuerpo el brebaje que proporciona esa bolsita de cóctel de hierbas que se comercializa como “Relax”.
Van sumándose frustraciones y ayer ya vaticiné, de la manera que se pasaban la patata caliente unos a otros, que volveríamos a tener ante nosotros otro increíble momento de hipertensión y sofoco.
No era demasiado halagüeño, para el sentido común de los que vemos sencillez en las decisiones con lógica, ver escurrir el bulto a los jueces. Era previsible una postura que, a todas luces, iba a ser sorprendente y difícil de entender.
Llegado el momento quedó consumada la penuria. Todos, como si al final fuese algo trivial y cantado, coincidieron en la resolución. El alivio se consagró al dictaminar el Supremo en favor de los que da rienda suelta, cuando deberían estar atados en corto.
En este país nuestro, que parece que no aprende la lección, la permisividad y el buenismo se merecen un rótulo de dimensiones XXL en la entrada de todos los edificios oficiales del Estado.
Van siendo numerosas las ocasiones en las que, siendo tan comprensivos y tan majos, nos quedamos boquiabiertos y sentimos vergüenza al aparentar ante el mundo que seamos tan gilipuertas.
Deben respetarse las decisiones del poder judicial, aunque no se entiendan, pero a veces es necesario comentar sus fallos siendo útil, en este caso y en mi opinión, su doble acepción.
No cabe duda de que los tribunales han fallado, nunca mejor dicho, pero conviene resaltar que ha sido a favor de un huido de la Justicia, fugado del país dentro del maletero de un coche, sin escrúpulos para reírse de nuestras instituciones y leyes, reincidente y manipulador, que todos sabemos utiliza a los dirigentes de la Generalitat como meras marionetas inductoras de la confrontación y ruptura. Sinceramente, no entiendo nada.
Y todas esas fechorías las hace mientras vive como un marqués en un palacete belga a gastos pagados, viendo por televisión el devenir de los acontecimientos del Juicio a sus compañeros golpistas, sin que se atisbe el mínimo remordimiento por su cobardía o arrepentimiento por su conducta.
A mi entender, facilitar que una persona como ésta pueda formar parte de una lista electoral desde la distancia, fuera de la Ley y en situación de busca y captura es, como mínimo, chocante. Por no decir ridículo, humillante, desesperanzador e insultante.
Enfoquémoslo en positivo, para intentar darnos ánimos tras el varapalo. Pensemos que obedece a una estrategia de captura durante su visita a Madrid para recoger la credencial como eurodiputado. En ese caso podría pensarse que hay cierta inteligencia y sentido común.
Ojalá fuesen estas las palabras que estuviesen rotuladas en los edificios presididos por la bandera de todos.
Por Javier Megino
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