Si hay una lección que se puede extraer del debate de candidatos en TV3 es que los ‘comunes’ han pasado de un buen candidato en las generales, Xavier Domènech, a un bobo ilustre de nombre Jaume Asens.
La izquierda catalana tiene una ilustre tradición de dirigentes políticos que dan la talla, de ahí que no se entienda que un mediocre de la talla de Asens sea el que defiende la lista que ganó las dos últimas elecciones generales en Cataluña.
Llegó a defender la ilegalización del Partido Popular, tras una intervención tan crispada, que parecía que necesitaba una pastilla para que no le diera algo. Y Cayetana Álvarez de Toledo le puso en su sitio diciéndole que «no dijera bobadas» que eran indignas de un candidato a las elecciones generales.
Hasta Rufián tuvo que pararles los pies a Asens, a cuenta de Navantia y la defensa de los podemitas gaditanos de vender barcos de guerra a Arabia Saudí. El candidato de Esquerra estuvo en su línea, provocador y faltón, pero fue tremendamente eficaz para contentar a su parroquia.
Laura Borrás (JxCAT) estuvo a la tradicional manera convergente durante casi todo el debate: ni bien, ni mal, ni fue efectiva, ni fracasó, ni estuvo brillante, ni lo hizo de todo mal. Parecía que el espíritu de Jordi Pujol la hubiera poseído. Hasta que le salió el ramalazo xenófobo, que también forma parte de la tradición de su partido, al hablar sobre el lugar de nacimiento de Álvarez de Toledo. La candidata popular la puso en su sitio.
La candidata socialista, Meritxell Batet, fue a mantener el empate a cero y no perder el partido, y al estilo de Maguregui, poniendo el autobús delante de la portería, lo consiguió. Fue eficaz a la hora de achicar balones del área, y alcanzó el objetivo. Se trataba que el PSC pudiera disputar la primera plaza el 28-A en Cataluña a ERC, y la formación de Iceta sigue vivo en la competición y con aspiraciones de alzarse con el campeonato.
Las dos más brillantes, cada una a su estilo, fueron Inés Arrimadas y Cayetana Álvarez de Toledo. Arrimadas estuvo más simpática, con una oratoria que rozó la matrícula de honor en algunos momentos, pero fue más dispersa. Destacó en su defensa de los que retiran lazos amarillos.
Cayetana disparó con mucho tino, fue concreta, rotunda y fue el auténtico objetivo a batir por los candidatos separatistas. Y cuando definió la Constitución española como «lo mejor que hemos hecho los españoles en quinientos años de historia en común» y defendió ante Borràs la grandeza de la democracia española como un pacto entre libres e iguales, logró emocionar.
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