Los exconsellers de Interior y Trabajo de la Generalitat, Joaquim Forn y Dolors Bassa fueron recibidos con pitos por una veintena de ciudadanos a su llegada el martes por la noche al aeropuerto de El Prat. Nadie merece ser increpado, ni silbado, en una democracia madura las discrepancias se solventan con el diálogo y la negociación, no a golpe de grito.
Pero esta es la realidad que los nacionalistas han creado en buena parte de Cataluña. Cada día centenares de concejales del PSC, PP y Ciudadanos reciben muestras de reproche de sus convecinos por no apoyar la causa secesionista. Es urgente recoser las heridas y recuperar el respeto entre todos los catalanes, porque nadie ha de ser increpado por defender unas ideas políticas, mientras se haga con respeto.
Lo que Forn y Bassa tuvieron que aguantar en el aeropuerto es el tipo de comportamiento que se ha de erradicar en toda Cataluña. Así no se construye una democracia serena y avanzada, pero la norma no es lo que vivieron los ex consejeros durante unos minutos, sino lo que sufren cotidianamente los concejales y los políticos constitucionalistas en buena parte del territorio catalán.
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