Este inicio de curso político de septiembre de 2021 viene indefectiblemente marcado por la celebración de la Mesa de diálogo entre el Gobierno de España y el Gobierno de la Generalitat de Cataluña. Mi experiencia como mediador civil me ha demostrado que cuando se produce una negociación bilateral siempre hay que saber de antemano las pretensiones originales de cada parte, antes de que se sienten a negociar.
Para conocer lo que cada uno reclama la escuela norteamericana de mediación establece un procedimiento al que denominan «caucus», en el que el mediador se reúne con cada parte por separado, para conocer sus pretensiones, y así poder tener una orientación general sobre los cauces por los que va a discurrir la negociación.
La denominada Mesa de diálogo entre el Gobierno de España y el Gobierno de la Generalitat de Catalunya no es una mediación propiamente dicha porque no hay mediador, pero se asemeja por el hecho de que se trata de una negociación bilateral sobre unos temas preestablecidos por las partes. Por ello para analizar esta controversia voy a intentar abstraerme de mi ideología política para ser lo más imparcial posible, y analizar la cuestión desde el punto de vista profesional de un mediador.
1º) Pretensiones del equipo de Pere Aragonès.
Es muy sencillo de establecer porque básicamente reclaman dos cosas: un referéndum de independencia, y la amnistía de «todos» los que tienen causas pendientes con la justicia, derivadas de la celebración del referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017, incluida la vuelta de Puigdemont y el resto de fugados. La conclusión de estas peticiones desde la visión de un mediador, es que esta parte tiene muy claro lo que quiere, pero por otro lado estas peticiones son a priori inasumibles por la parte contraria, por lo que la negociación se presenta muy complicada, por no decir imposible. Un ejemplo de ello es aquel que reclama por ejemplo la Luna, y la otra parte no está en condiciones de dársela.
2º) Pretensiones del equipo de Pedro Sánchez.
Como a veces ocurre en las mediaciones y en las negociaciones, aquí nos encontramos con una parte que lo único que pretende es ganar tiempo, hasta que se acabe la legislatura y se celebren nuevas elecciones generales. Mientras tanto de lo que se trata es de marear la perdiz catalana o «perdiu», haciendo perder intencionadamente el tiempo en rodeos o dilaciones que retrasen u obstaculicen la resolución del problema, como mera táctica dilatoria. Los socialistas siempre han sido los grandes trileros de la política española, y ya han puesto delante de Pere Aragonés la caja de cartón de la Mesa de diálogo y los tres cubiletes -amnistía, referéndum y autodeterminación- en los que además el engañado Pere Aragonés pretende que haya una bola dentro de cada uno.
En toda negociación una parte suele ceder en algo, y es posible que para contentar brevemente a los separatistas, se les conceda la Jefatura de Vía Layetana, el Cuartel del Bruc, la gestión de Aeropuerto, la cesión de algún impuesto o alguna de las pocas competencias que mantiene el Estado español en Cataluña, y con toda seguridad los separatistas las van a aceptar, hasta que en la siguiente Mesa de diálogo vuelvan a pedir el referéndum de independencia y la eliminación de todos los procedimientos judiciales en curso.
La diferencia entre el equipo de Aragonès y el de Sánchez, es que los primeros saben perfectamente lo que tienen que hacer y lo que tienen que reclamar, mientras que el equipo de Sánchez no sabe por dónde empezar; pero lo que es realmente peligroso de este asunto es que el Gobierno de España ha caído de bruces en la trampa que le han tendido, porque en la Generalitat saben que la Mesa de diálogo se va a disolver cuando pidan que se les conceda la autodeterminación -aunque este presidente Sánchez hasta sería capaz de dársela por medio de un referéndum-.
Cuando esto ocurra, acudirán al Parlamento de la Unión Europea, a la Comisión y a las Naciones Unidas, alegando que el Gobierno de España con su presidente a la cabeza, ha negociado en igualdad de condiciones con el presidente y el Gobierno de Cataluña, situando en un mismo plano de soberanía a los dos Gobiernos, y ha sido el Gobierno de España el que ha roto las negociaciones y el diálogo, y que por lo tanto no les queda otro camino que la vía unilateral contra el Estado español que no quiere escuchar sus pretensiones. También es muy probable que pidan que la Unión Europea o la ONU nombren a un mediador internacional para volver a constituir la Mesa de diálogo, presidida por un mediador impuesto por Bruselas o por Nueva York.
De esta forma un problema de política interna se convierte en una cuestión internacional entre dos Estados, y cuando esto ocurre o ha ocurrido en el pasado, habrán países como Rusia, Venezuela, Cuba, Kosovo entre otros, que criminalizarán a España, otros que se desentenderán de la cuestión, y otros que manifestarán que la única vía democrática para solucionar estas cuestiones es un referéndum de autodeterminación.
Como decimos en Cataluña, gracias Sr. Sánchez por liar la troca, gracias Sr. Sánchez por vender Cataluña aunque sea a trozos como ya había hecho el Sr. Aznar, gracias Sr. Sánchez por internacionalizar el tema de Cataluña, gracias en definitiva Sr. Sanchez, por traicionar a seis millones de catalanes y al resto de españoles.
Juan Carlos Segura
Diputado al Congreso
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