¡Me dais miedo!

Ante la manifestación que se convoca desde las instituciones públicas (desaparecida en combate la sociedad civil en Cataluña, en términos generales), caben diversas consideraciones para que la misma no se convierta en una aprobación de facto de los gestos y acciones de nuestros gobernantes estos días, después de los terribles atentados en Cambrils y Barcelona con los resultados de pérdidas de vidas, heridos y tanta gente que ha quedado marcada de por vida al perder a seres queridos.

Muchos nos hemos manifestado públicamente y en conversaciones privadas sobre las múltiples incógnitas que día a día han ido creciendo en cuanto a la seguridad ciudadana y las carencias que han aflorado en cuanto a las relaciones y colaboración de los diferentes cuerpos de seguridad del Estado. No se trata de dudar de la capacidad o eficacia de un policía o un departamento de la policía, en este caso de la autonómica de Cataluña. Pero sus representantes, jefatura y dirección política, es decir el Mayor Josep Lluis Trapero y el conseller de Interior Joaquín Forn, consiguen en cada una de sus intervenciones ponernos más nerviosos, por lo que dicen, como lo dicen y por la indudable equivocación de las prioridades en cuanto a la información pública.

Eso ya lo comenté en otro artículo anterior, uno espera que lideren, gobiernen y manden y nos concreten sobre lo que saben, que harán y como debemos colaborar. Ya no entraré en las equivocaciones tácticas como usar solo la lengua catalana a lo que tiene derecho pero que, visto como catalanes como yo y otros que no siéndolo lo han criticado, pues ahora ya no se duda, no acertaron.

La percepción de seguridad no debe convivir con la confrontación ya que no ayuda, introduce elementos que se convierten en más enfrentamiento y, además, aparece inmediatamente el enorme cansancio que arrastramos con el tema del nacionalismo catalán contrario a la opción democrática constitucional. Así perdemos de vista lo sustantivo, el terrorismo y como combatirlo. Saca lo peor de nosotros.

Igualmente, criticables son las declaraciones extemporáneas como las del alcalde de Alcorcón o del sacerdote que en una homilía hace pastoral sobre los bolardos y su inexistencia. Ambos son unos indeseables que solo facilitan gasolina a los pirómanos de las redes que, en uno u otro sentido, con total ausencia de empatía social, sueltan su bilis que las inunda implacablemente. Cerebros vacíos, maldad insensata.

Sobre los comunicados de los cuerpos de seguridad: he escuchado a portavoces de sindicatos de las diversas policías (alguien tendrá que explicar si son necesarios cinco cuerpos diferentes) hablando de falta de colaboración y a la vez haciendo proclamas claras de su necesidad, ayudando a pensar en quien puede tener la última responsabilidad. Pero, claro, como no pensar en los políticos. En el caso de Cataluña, conociendo la trayectoria del conseller Forn con un perfil entre ‘gamberro’ político e insensato orgánico y un jefe de policía nombrado a su agrado personal nacionalista, todo apunta a problemas para ello.

Pero ya a partir del primer momento los rumores primero y las informaciones posteriores en diferentes medios de diversas tendencias políticas sobre posibles errores: control del Imam de Ripoll, explosión en Alcanar y posteriormente los comunicados de Policía Nacional y Guardia Civil. Con todo ello la sensación de inseguridad crece.

A ello se suman las explicaciones erráticas de la alcaldesa de Barcelona Ada Colau que podrían ser calificadas de hilarantes si no hicieran referencia a la seguridad ciudadana, a nuestra seguridad. Como, por ejemplo, lo de que los bolardos impiden el paso de ambulancias. Otras intervenciones como las del conseller de presidencia Jordi Turull, nefasto personaje de notable intransigencia, cuyo nombramiento para tal cargo no tiene disculpa alguna excepto se haga con el interés de generar más conflictividad social en ya nuestra castigada sociedad. Impasible el ademan, ha declarado que todas las críticas recibidas de todas partes, “es porque tienen envidia a los Mossos d’Esquadra”. En fin…

Mientras en Las Ramblas las buenas gentes siguen poniendo velas y dejando peluches. Vivo a 200 metros de donde han perdido un niño de tres años y a su abuelo de 60 y pico. Uno es “victima catalana”, el niño y el otro “victima española”, el abuelo granadino que “solo” lleva viviendo y trabaja y cotizando aquí 60 años (Hago relación a como hizo el recuento y clasificó a las víctimas el miserable, ya citado, responsable de interior). Yo imagino lo que ahora sienten, están desconsolados y los padres se enfrentan a la ausencia del crío lo que será su tortura, cada día, cada momento del resto de su vida. Para ellos, no para su consuelo, pero para los demás niños y abuelos, para todos, la colaboración la seguridad y la templanza son importantes. Y políticos sanos también.

Y la manifestación del sábado. Creo que nadie bien intencionado la descarta. Yo personalmente no estoy emocionado por ello. Hacer constar que estamos en contra de los asesinos está bien, que nos entristecen las victimas también, pero a partir de aquí hay que empezar a matizar. Yo no estoy de acuerdo en que se cante, como si en una excursión estuviéramos, esa frase “No tinc por” individualista y que a mí no me representa. ¿Y por qué no me representa?

Yo tengo miedo a este enemigo de la vida que no veo. Tengo miedo a que algunos políticos en Cataluña estén más preocupados en sus proyectos personales y de grupo: la secesión de Cataluña que de la seguridad de todos. Tengo miedo a quien tácticamente da la medalla de oro a la policía autonómica, cuando no sabemos todo lo ocurrido y como se pergeño. Tengo miedo a que la falta de colaboración policial sea a causa de un pulso de la comunidad al Estado. Tengo miedo a quienes a mi parecer y de forma insensata, dicen que hay que entender a quienes en nombre de una religión mal entendida matan a los “otros”. Tengo miedo a quienes formulan hipótesis simplistas sobre multiculturalidad. Tengo miedo a quienes empecinados en actitudes aún más simplistas y convencidos de la bondad de la ciudad pensaron que el terror no iba con ellos. Tengo miedo a quienes para conseguir apoyos juegan a otorgar títulos de “nous catalans”.

Tengo miedo a los que hablan de envidia de los otros cuando señalan nuestras miserias. Tengo miedo a quienes en lugar de gobernar a la gente que los votó, se dedican a decirles que se comportan bien. Tengo miedo a que usen la manifestación como un éxito personal de su política.

Por eso yo no gritaré “no tinc por”. Yo que fui de los ilusos que creí en aquel grito de lucha; “El pueblo unido jamás será vencido”, pero ahora soy de los realistas o pesimistas que ahora piensan que ya estamos divididos y vencidos. Por eso no gritaré esa consigna sobre no tener miedo, por eso no aplaudiré a los Mossos, por eso no le haré el juego a Puigdemont, Junqueras, Forcadell, Forn, Turull, Trapero, Colau, Asens y tantos otros que saben bien que están convocando a mucha gente para usarla en su interés y los veremos ufanos y cariacontecidos buscando los mejores planos.

Me gustaría que los que así pensamos buscásemos otra frase para corear y me gustaría que fuera, por ejemplo, “QUEREMOS SABER, QUEREMOS VIVIR”.


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