Un buen número de ayuntamientos catalanes, como el de Barcelona, han decidido que su lengua oficial es solo una, el catalán, y no las dos que rigen en la comunidad autónoma. Al extremo que el socialista Jaume Collboni – siguiendo la política de su antecesora, Ada Colau – ha llegado a difundir carteles escritos en catalán, urdú, hindú, árabe y otros idiomas, menos en español.
Para buena parte del independentismo los catalanes castellanoparlantes que no acepten la imposición del catalán como lengua de uso laboral, administrativo y social no tienen derecho a nada, solo a callar o a coger la maleta e irse. De ahí la tendencia en buena parte del independentismo a invitar al discrepante a largarse de Cataluña. En el ‘apartheid’ catalán el no seguir la corriente a los separatistas conlleva la condición de “fascista”, “franquista” o, directamente, “nazi”.
Cuando cegados por el clasismo y el supremacismo, un buen número de separatistas se dedican a ir a comercios o bares, para exigir de malos modos que se les atienda en catalán y luego quejarse en redes sociales, violando los derechos lingüísticos de los trabajadores a expresarse en español, idioma oficial en Cataluña, es porque se sienten impunes.
Y es que cuentan con el apoyo de asociaciones regadas con dinero público, como Plataforma per la Llengua, que les apoyarán en su linchamiento moral a aquellos camareros y dependientes que hablan castellano. Con la complicidad de Salvador Illa y Jaume Collboni, que no hacen más que continuar con la política lingüística del separatismo.
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