Los aficionados del RCD Espanyol somos los ‘mavericks’ del fútbol catalán, los ‘malditos’, los que no quieren dejarse llevar por la corriente y apuntarse al caballo ganador. Defendemos nuestro territorio aunque veamos que lo tenemos todo perdido. Somos los sioux, los comanches, los zulús, los comuneros. Somos carne de cañón frente a un enemigo poderoso y mucho más fuerte. Pero no nos importa, seguimos siendo pericos, la mejor gente que hay.
Me cansan las campañas generacionales de abuelitos, niños, ‘sentiments’ pericos. Me cansan las campañas amables. Me cansa querer caer bien a todo el mundo. Tenemos que caer bien a la gente que está hasta las narices del pensamiento único deportivo, que son centenares de miles de personas en Cataluña. Tenemos que ir a pescar a esos caladeros. Con garra. Con fuerza. Con ganas de dejar huella.
Los colchoneros sí que han sabido crearse una imagen de ‘marca’ de rebeldía, cuando nosotros estamos mucho más a la ‘contra’ que ellos. A fin de cuentas, ellos son un contrapoder efectivo en Madrid, y consiguen una más que notable cuota de atención por los medios de comunicación de toda España.
Ellos no han sufrido la persecución simbólica que hemos padecido los pericos. Ser colchonero en Madrid no está mal visto, ser perico en Cataluña no ha sido nada fácil durante muchos años, y todavía hay aficionados blanquiazules que no se atreven a salir del armario.
Si somos los ‘rebeldes’, ¿por qué no lo reivindicamos? ¿Por qué no intentamos sacar rédito de esta situación? ¿Por qué no apostamos por intentar seducir a miles de catalanes que están empachados de tanto Barça y que escogerían un proyecto alternativo que les sedujera?
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