La UAB: la Universidad del Govern de Puigdemont. Artículo de Josep Lago (Joves Societat Civil Catalana)

Eran algo más de las 11.30 de la mañana del pasado miércoles cuando algunos estudiantes de la Universidad Autónoma de Barcelona nos encontrábamos en la Plaza de San Jaime (Plaza de la Constitución, hasta que los nacionalistas decidieron suprimir todo vínculo que recordara a España) con Diego Revuelta, periodista de Espejo Público. Habíamos acordado un directo y la grabación de un reportaje con el objetivo de denunciar el acoso y derribo que los jóvenes de Societat Civil Catalana padecemos en la UAB por parte del fanatismo nacionalista.

No pude entrar en directo en el programa porque los cabecillas del “procés” habían obligado a Mariano Rajoy a activar la aplicación del famoso 155, con lo que, entre mi testimonio y las acciones del Gobierno de España, decidieron apostar acertadamente por lo segundo. No obstante, el conocido reportaje sí pudo ser grabado y emitido el viernes, 13 de octubre.

Una vez televisado el documental, y tras observar que la realización del mismo había supuesto un éxito absoluto por los graves linchamientos que en la grabación se denuncian, la máquina de fango independentista se puso en marcha. Miles de críticas en Twitter tachando de mentirosas a las valientes que se atrevieron a dar la cara, centenares de amenazas (muchas, que denunciaremos, de muerte) por privado, noticias en reputados periódicos señalando a las estudiantes y cargando contra Antena 3 por supuestas manipulaciones, etc.

Ha sido tal el impacto del testimonio que contiene el reportaje que las críticas se han extendido hasta la fecha de publicación de este artículo. Personalmente, me preocupan, sobre todo, tres aspectos.

El primero, la terrible bestia que ha creado el Gobierno de Puigdemont a través de la exaltación de los sentimientos y la constante creación de agravios imaginarios. La maquinaria de machaque que se ha puesto en marcha tras la publicación del reportaje con el testimonio de las jóvenes de SCC no es una mera reacción del independentismo. Es el habitual modus operandi que impulsan los separatistas y que sufrimos los que tratamos de discrepar públicamente de la voz del régimen de Puigdemont. No obstante, en esta ocasión, a mayor repercusión, mayor linchamiento. Miles de mensajes en redes sociales que cumplen con un patrón habitual, archiconocido en el nacionalismo catalán, y que consiste en demonizar, con todo tipo de difamaciones, al disidente con el objetivo de acallarlo e implementar una espiral de silencio. Porque claro, si nadie habla, nadie cuestiona el delirio “procesista”.

Pero la máquina de fango del separatismo es tan descomunal que incluye, también, a las Universidades. Es por esto por lo que la Universidad Autónoma de Barcelona nunca ha querido condenar la violencia que hemos sufrido en el campus. Al parecer, para la rectora de la UAB, Margarita Arboix, ni las duras imágenes en las que aparece nuestra carpa rociada con un extintor, ni la obligatoria entrada de los Mossos antidisturbios para garantizar nuestra integridad mientras estábamos siendo atacados en la Plaza Cívica de la UAB, han resultado ser de la magnitud suficiente como para dedicar un reproche a los agresores nacionalistas.

Los Joves de SCC creíamos que, con sus actuaciones partidistas, el Equipo de Gobierno ya no podía caer más bajo. No obstante, la UAB ha querido ponerle la guinda a este pastel y denunciar el famoso reportaje (ante el politizado CAC) esgrimiendo falta de ética periodística. Con esta acción, la Universidad señala a Espejo Público y a los estudiantes que en el mismo reportaje aparecemos, situándonos en el punto de mira de la comunidad universitaria a sabiendas del tenso escenario que estamos sufriendo. No queda otra que aceptar que, para la UAB, los agredidos son, ahora, los agresores. A la rectora ya solo cabe denunciarla por haberse vendido al nacionalismo y aceptar que la UAB ya no es nuestra Universidad, sino la Universidad del Govern de Puigdemont.

El tercer aspecto –y el que más me preocupa– es que todo lo expuesto en este artículo, todas las barbaridades a las que desgraciadamente estamos acostumbrados los que damos la cara públicamente, se asuman como algo normal. Me inquieta que interioricemos el odio separatista y que aceptemos como corrientes los escraches, los insultos y las amenazas. Porque si llega el momento en que nuestra sociedad lo asume como algo normal, correremos el riesgo de dejar de denunciar los ataques a nuestros derechos y libertades. Si lo normalizamos, dejaremos de luchar por nuestra democracia.

¿Pero qué mejor forma de evitar la normalización del totalitarismo nacionalista hay que denunciándolo? Los miembros de la agrupación de Joves de Societat Civil Catalana, que tengo el honor de coordinar, son muy valientes y tienen más moral que el Alcoyano. Es por esto por lo que, pese a la espiral del silencio que muchos tratan de imponer, seguiremos trabajando convencidos de estar haciendo lo correcto. Porque sabemos que tenemos la razón y que decimos la verdad. Y el relato de alguien que dice la verdad, señoras y señores, es imparable.

Josep Lago es coordinador de Joves de Societat Civil Catalana y estudiante de ADE + Derecho en la Universidad Autónoma de Barcelona.

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