En los últimos meses, RTVE ha evidenciado una preocupante transformación que la aleja de su función de servicio público y la acerca peligrosamente a los intereses del Gobierno de Pedro Sánchez. Esta mutación se percibe con claridad en programas como “Mañaneros 360”, el magacín matinal presentado por Javier Ruiz y Adela González, que ha pasado de un formato ligero a una programación abiertamente politizada.
Con un marcado enfoque hacia los temas de actualidad desde una perspectiva cercana al Ejecutivo, el espacio ha logrado un notable aumento de audiencia, pero a costa de renunciar a la pluralidad informativa que debería caracterizar a una televisión pública.
Esta línea editorial no es un hecho aislado. RTVE ha apostado también por formatos más propios del entretenimiento comercial que del servicio público, como “La Revuelta” con David Broncano, un fichaje millonario que muchos expertos han interpretado como una maniobra directa del Gobierno para contrarrestar la influencia de un programa que Pedro Sánchez consideraba crítico como ‘El Hormiguero’ (Atresmedia).
La elección de Broncano no ha sido solo una cuestión de audiencia: ha representado una decisión cargada de intencionalidad política, con la intención de introducir en el prime time un formato aparentemente neutro, pero ideológicamente cómodo para el Ejecutivo. Pero ha resultado un fracaso, porque ‘El Hormiguero’ ha aguantado a pesar de la inversión de 28 millones de euros de RTVE en ‘La Revuelta’ y ha sido el programa más visto de la TV española esta temporada.
La operación para atraer a Broncano fue polémica desde el inicio. La presión para su contratación estuvo acompañada de un fuerte debate interno en RTVE y de duras críticas desde el sector audiovisual. Muchos vieron en esta maniobra un intento de la Moncloa de utilizar la cadena pública como contrapeso a medios privados más incómodos. Además, la falta de transparencia en el proceso y la presión ejercida sobre altos cargos del ente público reforzaron la percepción de que RTVE estaba cediendo a directrices políticas en lugar de seguir criterios profesionales.
La programación actual evidencia una clara tendencia hacia la externalización de contenidos, lo que ha provocado malestar entre los trabajadores del ente. Se estima que hasta un 90 % de la parrilla actual está gestionada por productoras externas, lo que no solo cuestiona el modelo de producción pública, sino que también favorece la entrada de contenidos con menor control editorial y mayor afinidad con las líneas políticas del gobierno. Programas como “Mañaneros” han sido criticados por disfrazar contenido informativo bajo una capa de entretenimiento, diluyendo los límites entre información y propaganda.
La defensa pública de estos formatos por parte del presidente de RTVE ha sido, como mínimo, llamativa. En lugar de abordar las preocupaciones sobre la parcialidad y la falta de pluralismo, José Pablo López ha optado por minimizar las críticas con frases irónicas que eluden la responsabilidad institucional. Esta actitud refleja un desprecio por el debate serio sobre el papel de la televisión pública y su independencia, y refuerza la sensación de que RTVE se está convirtiendo en un instrumento más al servicio del poder.
En el caso de “La Revuelta”, el mensaje ha sido similar. El presidente del ente justificó su apuesta como una “apuesta por la diversidad”, cuando en realidad el formato ha sido duramente cuestionado por su elevado coste y por su limitada aportación a la pluralidad informativa.
El problema de fondo es que RTVE, en lugar de reforzar su papel como garante del derecho a una información independiente y plural, se ha alineado con las lógicas del poder político. La prioridad ya no parece ser informar con rigor, sino competir en audiencias y transmitir contenidos ideológicamente funcionales para el Ejecutivo. Esta deriva, lejos de ser inocua, afecta directamente a la calidad democrática del país y debilita la credibilidad de uno de los pilares fundamentales del sistema mediático español.
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