La Semana Santa de Tarragona fue declarada en 2009, por la Generalitat, Fiesta de Interés Turístico y Patrimonio de Interés Nacional. Su procesión de Viernes Santo (El Sant Enterrament) es seguida por decenas de miles de personas. Y en dicha procesión suelen desfilar las máximas autoridades locales, este año, entre otros, además del alcalde socialista Viñuales, el concejal Xavier Puig de ERC, lo ha hecho también el ex senador socialista, y actual presidente de la Autoridad Portuaria, Santiago Castellà, el ex presidente del Puerto Saúl Garreta – de ERC – así como el presidente del Parlament de Catalunya, Josep Rull.
Pero lo más curioso es que en estas fechas nadie recuerda que el 21 de julio de 1936, en Tarragona, una turba de milicianos del Front Popular, siendo presidente de la Generalitat Lluís Companys (que había creado ese mismo día el Comité Central de Milicias Antifascistas y colocado en su dirección a los anarquistas), devastaron sin piedad la mayoría de iglesias y quemaron todos los pasos de Semana Santa que encontraron en las mismas, la gran mayoría de ellos de un gran valor artístico e histórico. Por esta razón, casi todos los pasos que ayer salieron en procesión fueron realizados después del año 1940.
Así relato en mi libro ‘Tarragona 1936. Terror en la retaguardia’ lo sucedido al respecto en varias de las iglesias de Tarragona. Jordi Morant i Clanxet, contó en su libro de memorias, lo que vivió su madre (Roser Clanxet) ese día 21 por la tarde: “Los hechos se sucedieron en pocas horas, la iglesia de Sant Llorenç dels Pagesos es saqueada por aquella turba de gente, los dos pasos de Semana Santa, son quemados en medio de la calle , al igual que su archivo. Mi madre ve que la cabeza del Cristo del paso de la Piedad no había ardido, mira a un lado y a otro y en menos de nada esconde la cabeza y se la lleva a casa. Verdaderamente se jugó la vida, y guardó la imagen hasta después de la guerra, restituyéndola al multicentenario Gremio de Pagesos de Sant Llorenç i Sant Isidre”.

Dicho Gremio, según explica, enviaría a su madre después de la Guerra un cariñoso oficio de gratitud por haber salvado de la quema y custodiado hasta entonces en su casa, con el enorme riesgo que eso suponía, la sagrada imagen del Cristo de la Piedad.
Lo mismo hicieron en la iglesia de Nazaret donde la Congregació de la Puríssima Sang perdería todas sus históricos y artísticas pasos de Semana Santa. En medio de la Plaza del Rey, en una gran hoguera, alrededor de la cual muchos danzaban revestidos con prendas y objetos sagrados. fue quemado el «Santo Cristo de la Sangre» de Benet Baró, del 1617; el paso de «La Flagelación» de Josep Campeny, del 1914 y el paso del «Cristo de la Humillación» de los escultores Clemente Cantos y Antonio Garrigós, de 1927, En esta iglesia se instalaría luego un almacén del sindicato de la Unió de Rabassaires.
Lo mismo ocurrió en la práctica totalidad de poblaciones de Cataluña, donde además serían asesinados 2.437 religiosos. Pero, todo esto es ocultado y no forma parte de la memoria histórica de socialistas y separatistas. Ni siquiera la Iglesia lo recuerda.
Salvador Caamaño Morado (autor del libro ‘Tarragona 1936. Terror en la retaguardia’)
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