Parte del secesionismo catalán se ha volcado en atacar a «Madrid» como culpa de todos los males de la epidemia del coronavirus.
Ya son conocidos el desafortunado tuit de la ex consejera Clara Ponsatí («De Madrid al cielo»), y el apoyo que recibió por parte de la presidenta de la ANC, la recién nombrada catedrática universitaria del Reino de España Elisenda Paluzie.
La persona que, en plena crisis del coronavirus, reunió a más de cien mil personas apiñadas en Perpiñán, Carles Puigdemont, también dijo el pasado viernes que “la decisión de mantener Madrid abierta es una grave irresponsabilidad. Cada hora cuenta. Su concepción radial del Estado es anacrónica, ineficiente y peligrosa”.
Pero la pintada definitiva sobre la estupidez humana ha aparecido en Barcelona, en la Plaza Adriano, en la que equiparaba a Madrid con Wuhan, la ciudad china en la que comenzó el brote del virus Covid-19.
Al lado un vecino indignado colgó un pasquín en el que decía que el autor de la misma «no conoce la ética» y «es un descerebrado». Y lanza un ruego: «Basta de contaminarlo todo con la identidad».

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