Finalmente, 1327 catalanes han suscrito la carta a Su Santidad. ¡Muchas gracias a todos! https://t.co/H66e9MTyuQ
— Ángel Escolano Rubio (@rubio_escolano) June 5, 2026
La inminente llegada del Papa León XIV a Barcelona, que visitará la ciudad el martes y el miércoles, ha activado las alarmas de la sociedad civil constitucionalista. La bendición de la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia, un hito arquitectónico y espiritual indiscutible, se ha visto envuelta en una profunda polémica que trasciende los límites de lo puramente religioso.
La asociación Convivencia Cívica Catalana ha decidido romper el silencio institucional enviando una misiva directamente al Sumo Pontífice. En el documento se detalla una realidad incómoda y persistente que los partidos nacionalistas y el actual Gobierno central se empeñan en maquillar con insistencia. Y ha sido firmada por 1327 ciudadanos, además de varias entidades.
El texto denuncia de manera contundente la marginación sistemática que sufre la lengua española en la esfera pública de la comunidad. Lo verdaderamente preocupante y novedoso de esta denuncia es que sitúa este sectarismo lingüístico dentro de las propias estructuras de la Iglesia católica en Cataluña.
«Rogamos humildemente a Vuestra Santidad que no atienda a quienes pretenden convertir la cuestión lingüística en un instrumento de división o de invisibilización de una parte muy importante de la sociedad catalana. Millones de catalanes vivimos el castellano como lengua propia, natural y cotidiana, con pleno respeto al catalán y a todas las expresiones legítimas de nuestra realidad cultural» pide Convivencia Cívica Catalana ante los intentos del separatismo de excluir a la lengua española durante la visita del Papa a Barcelona.
Con este movimiento estratégico, la entidad busca dar visibilidad internacional al desamparo que padecen millones de catalanes que tienen el castellano como lengua materna. Lejos de buscar la confrontación directa, el escrito apela al sentido común y a la propia doctrina eclesiástica para reclamar la restitución de un derecho fundamental.
Los firmantes recuerdan al Santo Padre que la Iglesia debe configurarse como un espacio de acogida universal y unificador. La institución eclesial no puede convertirse, bajo ningún concepto, en un instrumento de ingeniería social ni de división ideológica al servicio de una agenda política concreta.
El cuestionable modelo de inmersión lingüística obligatoria ha terminado por consolidar un sistema que divide a la ciudadanía en categorías. La pasividad mostrada por el Ministerio de Cultura y el resto de departamentos competentes evidencia una preocupante falta de voluntad política para blindar los derechos reconocidos en la Constitución.
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