La Generalitat de Salvador Illa y el Ayuntamiento de Barcelona de Jaume Collboni se empeñan en intentar convencernos de que los ciudadanos dejen el automóvil en el garaje y usen el transporte público, pero los fines de semana y festivos, debido a que la frecuencia de paso entre convoyes aumenta, se viaja, a menudo, como si se estuviera en una lata de sardinas.
En las prefiestas navideñas esta tendencia a convertirse en un ser aplastado en cualquier metro o convoy de los Ferrocarriles de la Generalitat es aún mayor. Este mismo viernes había vagones de los FGC que había que intentar entrar con calzador. Se nota que los dirigentes del PSC no se bajan del coche oficial.
Ahora se habla de si el 31 de diciembre se acaban o no con las bonificaciones en algunos títulos de transporte público. Solo faltaría que los fines de semana el servicio siga siendo tan pésimo y encima suba el coste para el bolsillo del ciudadano. Si quieren realmente potenciar el transporte público, hagan que sea cómodo y no una tortura.
Y si falta dinero para poner más trenes los fines de semana, ahí está TV3, las embajadas del Diplocat, el plus que cobran los funcionarios de la Generalitat respecto a los de otras comunidades autónomas, la millonada en publicidad institucional para los medios ‘amigos’ o las subvenciones a la entidades ‘patrióticas’ para recortar y destinar más dinero al transporte público.
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