Ayer 6 de diciembre, Dia de la Constitución, la Coordinadora de Grupos de la Resistencia Cívica de Tarragona junto a un decena de entidades catalanas de la sociedad civil (Impulso Ciudadano, Convivencia Cívica Catalana, S’ha Acabat!, Unión de Brigadas, Cataluña Suma por España, Espanya i catalans, Asociación por la Tolerancia, Los de Artós-Barcelona y Aixeca’t-Levantate) conmemoró, junto a destacados dirigentes políticos del PP, VOX y Cs, en la plaza de la Constitución del barrio de Bonavista el Tarragona el cuadragésimo sexto aniversario de la aprobación en 1978, por abrumadora mayoría del pueblo español (el 90% de los catalanes), de nuestra vigente Carta Marga.
Las entradas del barrio habían sido engalanadas con banderas españolas y pancartas alusivas a la conmemoración. Al acto, a pesar del largo puente, han asistido unas 400 personas. Y en esta ocasión los organizadores han invitado como ponente principal del acto a Alejo Vidal-Quadras (ex vicepresidente del Parlamento Europeo y presidente del Foro Libertad y Alternativa) , “una de las mentes más lucidas de nuestro país y un gigante de la política” tal como lo presentó Salvador Caamaño (portavoz de la Coordinadora de Grupos de la Resistencia Cívica de Tarragona).

La Resistencia no se rinde
Caamaño en la presentación del acto dijo: que «este acto lo hemos venido celebrando desde el año 2017 con la pretensión de no cejar en la movilización cívica, contra el creciente órdago contra el orden constitucional de separatistas e izquierdistas y para defender la democracia, la libertad y la igualdad de derechos. Es un acto que siempre hemos pretendido que fuera lo más unitario y plural posible».
Y añadió que “la Constitución Española de 1978 vino de la mano de la democracia y del espíritu inclusivo y conciliador de la Transición. Y a pesar de algunas importantes imperfecciones, es una Constitución donde cabemos todos, en ella están recogidos nuestros derechos, nuestros deberes y nuestras libertades (…). Desde hace años todo este espíritu ha saltado por los aires y nos encontramos con una constante degradación de los principios constitucionales que amenaza seriamente el orden democrático constitucional (…). El procés de Cataluña, se ha trasladado a toda España. Y socialistas y comunistas, plegados totalmente a las cada vez más exigentes demandas de separatistas y bilduetarras, no paran de arremeter, contra el Estado de Derecho, la separación de poderes, la democracia y la Constitución».
Argumentó que «mientras tanto a los no nacionalistas en Cataluña, el Gobierno de Sánchez por sus intereses espurios, nos desprecia y nos deja absolutamente abandonados; a los pies de los caballos, de las crecientes demandas e imposiciones de los secesionistas que no dudan en incumplir, impunemente, las sentencias judiciales y las leyes. El PSC de Illa ahora en el gobierno de la Generalitat, traicionando una vez más a buena parte de sus acríticos y sumisos votantes , actúa abiertamente como un partido secesionista más (…). A pesar de sus reiteradas falsedades y mentiras, la Constitución se ha convertido para Pedro Sánchez y sus socios que reniegan abiertamente de ella, en un obstáculo para sus planes de instaurar un nuevo Régimen».
Concluyó diciendo que «nos están robando, poco a poco, la democracia, la libertad y la igualdad de todos los españoles y nos están conduciendo a un régimen con tintes cada vez más autoritarios (…). Pero, si somos capaces de actuar unidos y no cejamos en la movilización y en la lucha , acabaremos tumbando sus siniestros planes.

La Resistencia, con Alejo
Por su parte, Alejo Vidal-Quadras, en una muy brillante intervención, entre otras cosas, dijo que «la primera pregunta que hemos de formular es si puede una Constitución asegurar por sí misma la unidad, la prosperidad, el bienestar y el orden civil para los ciudadanos y protegerlos de gobernantes mendaces, venales, incompetentes o corruptos. Y más concretamente si es capaz un orden legal básico mediante un diseño perfectamente elaborado impedir que partidos separatistas intenten dar un golpe de estado para destruir la Nación, que un poder ejecutivo sin escrúpulos colonice los órganos constitucionales y los organismos reguladores, el CIS, el BE, RTVE, medios de comunicación privados, universidades y otras instancias de la sociedad civil»,
«¿Cabe dentro de los efectos de una Norma Suprema que en su marco sea imposible la aparición de una partitocracia extractiva, corrupta e invasiva que ponga el estado a su servicio y proceda al reparto por cuotas de instituciones que han de operar con escrupulosa independencia?», se preguntó.
Vidal-Quadras añadió las siguientes preguntas: «¿Está en las posibilidades de una Constitución redactada por mentes esclarecidas hacer imposible que el Fiscal General del Estado sea una marioneta del Gobierno de turno y el presidente del Tribunal Constitucional actúe al dictado de un aspirante a autócrata invalidando sentencias firmes del Tribunal Supremo en beneficio de los responsables del saqueo más voluminoso del erario del último medio siglo y que los condenados sean ovacionados por una asamblea borreguil de paniaguados embrutecidos? ¿Estaríamos a salvo con una Constitución adecuadamente diseñada de que llegase a La Moncloa un ególatra amoral dispuesto a entregar la Nación a sus peores enemigos internos o a adoptar como aliados parlamentarios preferentes a formaciones que justifican el asesinato de sus propios correligionarios con tal de mantenerse en el poder?».
Y fue más allá al plantear si «una Constitución óptima nos situaría al abrigo de que un presidente del Gobierno desaprensivo permita a sus allegados utilizar la influencia, los medios y el personal anejos a su cargo para sus turbios negocios particulares». Y si una Constitución distinta a la imperante «permitiría a los padres elegir en Cataluña la lengua de escolarización de sus hijos».
«¿Qué Constitución nos ahorraría el oprobio de asistir al lamentable espectáculo de un ex presidente de Gobierno al que pagamos un sueldo, vehículo oficial, secretaría y escolta, actuar como lacayo de un narcodictador criminal por pura codicia?», remachó.
También afirmó que «lamentablemente, no podemos tener la seguridad de que la respuesta a estos lacerantes interrogantes fuera afirmativa. Una Constitución, incluida la nuestra de 1978, no tiene poderes taumatúrgicos y la prueba radica en que todos los horrores que he mencionado han sucedido y suceden en España pese a que disponemos de una Ley Fundamental acorde con los cánones de las democracias occidentales avanzadas».
«La conclusión que extraer de todo lo anterior nos conduce al título de la célebre novela de Graham Greene: ‘El factor humano‘. En efecto, este es un elemento clave. Una Constitución defectuosa desarrollada y aplicada por políticos y juristas competentes, patriotas, honrados e inteligentes dará mejores resultados que una Ley Fundamental técnicamente más conseguida, pero en manos de gobernantes y servidores públicos ignorantes, codiciosos, cleptócratas y cortos de luces. Si nuestra Ley Fundamental de 1978 hubiera sido desplegada y administrada por el rey filósofo platónico en vez de por la tropa que nos ha tocado padecer, la separación de poderes hubiera sido escrupulosamente respetada, la composición de los órganos constitucionales y de los organismos reguladores se hubiera fijado por estrictos criterios de competencia y experiencia y no por reparto entre siglas, los separatistas y los colectivistas jamás hubieran dispuesto de los instrumentos institucionales, políticos, educativos, financieros y de creación de opinión con los que han puesto en jaque al Estado, fragmentado la Nación y dificultado la creación y crecimiento de las empresas porque los grandes partidos sistémicos se habrían aliado para barrarles el paso y la corrupción no habría existido porque la sola idea de apropiarse de un euro indebidamente hubiera repugnado a nuestros concejales, alcaldes, consejeros autonómicos, diputados y ministros», argumentó.
Ante el interés del público, añadió que «por desgracia, la realidad ha sido muy otra y el panorama que contemplamos en estos días desde cualquiera de estas perspectivas es desolador (…). Frente a un paisaje sombrío hemos de proporcionar luz, ante problemas notorios hay que buscar soluciones. Si la Constitución de 1978 ha cubierto una etapa y se encuentra en una fase de agotamiento, circunstancia difícil de negar a la vista de los lamentables fallos de nuestro sistema institucional y político que contemplamos todos los días, hemos de reformarla guiados por la experiencia adquirida para sellar sus grietas, taponar sus vías de agua y fortalecer sus cimientos. No se trata de partir de cero y entrar en un período constituyente plagado de peligros ni tampoco de instalarnos en un inmovilismo impotente. Tan nefasto es el adanismo destructivo como el continuismo inoperante. El tiempo ha demostrado que la Constitución de 1978, junto a sus innegables aciertos, entre ellos el apaciguamiento de cuatro de nuestros viejos demonios, la cuestión social, la militar, la religiosa y la de la forma de Estado, ofrece dos graves defectos, el modelo territorial y la deriva partitocrática. Actuemos, pues, sobre estos dos puntos y creemos el clima de opinión necesario para su corrección».
También dijo que «con el fin de recuperar aquel clima germinal, amasado de generosidad y esperanza, hemos de recordar que las Constituciones no son inamovibles y que no hay que tener miedo a pulirlas y perfeccionarlas a medida que se suceden las generaciones y los contextos sociales, tecnológicos y culturales evolucionan. La renuncia al cambio positivo por falta de consenso es un síntoma de fracaso como Nación y como sociedad».
«El camino que llevamos nos precipita a la disgregación, a la discordia, al empobrecimiento material y a la irrelevancia internacional. Es la gran tarea de nuestro tiempo rectificar el rumbo equivocado por el que nos dirigimos hacia el naufragio y en el que nos han colocado el sectarismo intransigente, la mediocridad rencorosa, el rastrero deseo de venganza, el afán incontrolado de poder y la artera deslealtad de los unos y la pasividad acomodaticia, la indolencia irresponsable, la pusilanimidad vacilante y la falta de visión estratégica de los otros», aseguró ante el interés del respetable..
Y concluyó afirmando que «es el momento de la sociedad civil. Tenemos la obligación de movilizarnos, de hacer oír nuestra voz y de empujar a los dos partidos tan bien representados en este magno encuentro a entenderse, a poner el interés superior de la Nación por encima de sus intereses electorales inmediatos y a acordar un proyecto nacional forjado de ambición y de grandeza que afronte sin vacilaciones las arduas, pero imprescindibles tareas pendientes a las que me he referido. España tiene un tremendo potencial y hemos de conseguir un presente y levantar un futuro a la altura de nuestro formidable pasado. Definámoslo, propongámoslo, démoslo a conocer y concienciemos a nuestros conciudadanos sin excepción para hacerlo realidad porque si esperamos cómodamente a que lo hagan aquellos a los que votamos para que cumplan este propósito, llevan cuarenta años dejándonos claro que será en vano. Ojalá este seis de diciembre de 2024 en Tarragona sea recordado como la chispa que prendió el fuego incontenible de la recuperación de la unidad nacional, de la regeneración moral y del esfuerzo desinteresado y compartido por poner a España en el lugar que merece. ¡Viva la Constitución! ¡Viva el Rey! ¡Viva España!».

Al finalizar los parlamentos los asistentes han escuchado respetuosamente el himno nacional y han podido brindar por la Constitución y degustar un modesto aperitivo ofrecido a los asistentes por los organizadores del acto. Larga vida a la Coordinadora de Grupos de la Resistencia Cívica de Tarragona y a las demás entidades de la Resistencia.
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