El ramen no es más que una sopa con cosas, que está muy rica, pero que no acabo de entender la fiebre que tienen algunos por disfrutar de este plato, cuando con una olla exprés y unos buenos ingredientes, puedes preparar unos caldos con tropezones de los que quitan el sentido.
Insisto, nada que objetar a los que gustan del ramen, solo mostrar mi sorpresa por la obsesión de algunos, como si no hubieran comido jamás una buena sopa. Un caldo gallego o la sopa de cocido con un poco de la carne usada en la preparación es un ‘ramen’ a la española que reconforta el cuerpo más maltrecho y el alma más en pena.
Yo soy especialista en «sopa de lo que hay en la nevera», abro la olla exprés, le meto agua, zanahoria, apio, hierbas para el caldo, si hay pechuga de pollo la añado, si no salchichas, o costilla de cerdo, o tacos de ternera, tal vez unos garbanzos, un par de patatas, una cebolla y si hay algún pimiento sobrante, también. Se cierra, al fuego y al cabo de un rato retiro una porción de caldo, le pongo fideos y los ‘tropezones’ que me apetezcan y a comer.
Lo de hacer colas para tomar un ramen, porque es un sitio que lo hacen que lo flipas, lo dejo para los que no se han tomado una buena sopa en la vida. Entiendo que las nuevas generaciones, que eso de comer caliente cada vez lo llevan peor, se fascinen por este plato, pero a la generación de la cuchara y las lentejas con chorizo nos van otras cosas.
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