Cuando hablamos de la familia de Canet no podemos olvidar a Ana Moreno, la madre ‘coraje’ de la localidad ilerdense de Balaguer, que en 2015 consiguió lo mismo, que los tribunales le dieran la razón para que sus hijos recibieran más docencia en castellano.
¿Qué le ocurrió? Que sus vecinos les hicieron el vacío social, los chavales no eran invitados a las fiestas de sus amigos y les hundieron el negocio familiar gracias a un boicot de tremenda eficacia. El separatismo es tremendamente eficaz a la hora de procurarte la muerte social.
No fue la primera, no será la última, porque el totalitarismo independentista no pasa ni una. Cualquiera que les molesta, es perseguido. Sea una pizzería en la que la carta esté en español, una panadería en la que la dependienta no sabe catalán o un camping de la Costa Brava que aloje a agentes de la Guardia Civil y de la Policía Nacional. Son implacables.
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