A vueltas con la propuesta separatista de plantear una “ley de claridad” para la celebración de un referéndum de autodeterminación, al estilo de lo sucedido con el Quebec realizada en el debate de política general en el Parlamento catalán, bueno sería recordar que en España todo está “meridianamente claro”.
Y lo consagra nuestra Constitución en su artículo segundo que dice:
La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.
En Canadá, su ley fundamental no contiene ningún pronunciamiento en este sentido tal vez por su escasa tradición histórica como país fruto de la colonización anglosajona y francesa tradicionalmente enfrentadas. Así que marear nuevamente la perdiz con dicha solución para Cataluña solo es fruto del deseo de ERC de conservar el poder y el presupuesto de la Generalidad bajo control, con la aquiescencia del PSC, especialista en influir sin que se note, pactando invariablemente con el secesionismo irredento imperante.
A estas alturas resulta tremendamente decepcionante que todavía haya gente que no se haya percatado que lo único que persiguen es vivir de lo público, copando cargos y colocando a su gente sin pudor, ejerciendo un “nacionalismo de amiguetes” visible estos días con el sainete de la crisis del Gobierno catalán, cuestión de confianza y cese de su vicepresidente mediante.
Conviene no distraer la atención reiterando que nada permite a un ejecutivo y legislativo autonómico, romper el ordenamiento jurídico y hacerlo al margen del resto de españoles. Como ya hemos visto, esos desafíos tienen consecuencias que deberían haber sido más graves y que ahora, de materializarse no sería más que una reiteración delictiva en la que el socialismo español parece querer desarrollar un papel de cooperador necesario.
Por eso, hay que desalojar democráticamente al Gobierno de España que dirige Sánchez y los comunistas reconvertidos en progresistas, para evitar una nueva catástrofe política y económica en Cataluña y el resto de España, que todavía padecemos.
Primero en las elecciones municipales y autonómicas del próximo mes de Mayo y después en las generales de diciembre del mismo año, si es que salimos airosos de lo que nos queda por pasar hasta entonces.
Así que debemos estar muy atentos porque aunque la ciudadanía está hastiada de tanto fraude, desentenderse es abandonar nuestro compromiso con España y eso es tanto como traicionar a los que dieron su vida por ella y los que tienen que conservarla y protegerla en el futuro.
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