Ser agente de la Policía Nacional o de la Guardia Civil en Cataluña merece todos nuestros respetos. Ambos cuerpos son la última frontera para evitar que el separatismo catalán se adueñe definitivamente de las calles catalanas, ya que los Mossos d’Esquadra no son fiables a causa de unos mandos policiales fanatizados por el separatismo.
La vocación de servicio de los guardias civiles y los policías nacionales son indiscutibles y su solidaridad con los catalanes que defienden la ley, o sea nuestro marco constitucional, es continua. Y eso que la Generalitat les desprecia y paga a un montón de propagandistas y presuntos humoristas para que en los medios de comunicación públicos les insulten.
El Gobierno de España no solo no les protege y les ampara, sino que los utiliza como moneda de cambio para que Pedro Sánchez siga en La Moncloa, y los ha puesto a los pies de los caballos de los partidos separatistas. Pero a pesar de estar maniatados, su sola presencia da tranquilidad a los millones de catalanes constitucionalistas que no nos fiamos de la Generalitat.
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