La política catalana vive una sacudida inesperada con la irrupción de Aliança Catalana, el partido que lidera Silvia Orriols. Lo que en sus inicios parecía una formación local con escasa proyección, hoy se ha convertido en una fuerza emergente que gana terreno en cada vez más comarcas y obliga a los grandes partidos a recalcular sus estrategias. Su discurso directo y sin concesiones está calando entre votantes desencantados, sobre todo entre antiguos apoyos de Junts, aunque también capta apoyos en los caladeros de ERC, PSC y PP.
La expansión territorial del proyecto de Orriols está siendo especialmente notable en zonas donde la política de proximidad y el contacto directo con el electorado resultan determinantes. Allí, la formación ha tejido redes de simpatizantes que, poco a poco, se traducen en presencia institucional y en un ruido mediático que amplifica su alcance. Prácticamente cuenta con comités locales en casi todas las comarcas catalanas y prepara la inauguración de su sede en Barcelona.
Ese crecimiento no es anecdótico: para Junts supone un serio dolor de cabeza. El partido de Puigdemont observa con preocupación cómo un sector de su base tradicional se desplaza hacia Aliança Catalana, seducido por un mensaje que promete firmeza y autenticidad frente a la política más pactista de las grandes siglas. Este trasvase de votos amenaza con erosionar la hegemonía que Junts mantenía en muchos municipios.
Ante este escenario, numerosos alcaldes de Junts han levantado la voz. Saben que la sangría de apoyos hacia Aliança Catalana puede traducirse en la pérdida de alcaldías y concejalías en las próximas elecciones locales. Por eso reclaman a la dirección del partido, con Puigdemont y Jordi Turull en el centro, la posibilidad de negociar pactos con Orriols si las circunstancias lo exigen. “Manos libres” es la consigna que transmiten con insistencia.
El debate interno no es menor. Pactar con Aliança Catalana supondría reconocer su papel de actor legítimo en el tablero soberanista, algo que genera recelos en sectores de Junts que apuestan por mantener distancias claras. Pero a la vez, ignorar la realidad electoral podría resultar letal en los municipios donde el margen de votos es cada vez más estrecho.
La figura de Silvia Orriols se consolida así como el epicentro de un terremoto político. Su capacidad para capitalizar el malestar y presentarse como alternativa está obligando a Junts a tomar decisiones incómodas. La sola hipótesis de pactos locales ya muestra hasta qué punto Aliança Catalana ha dejado de ser un fenómeno marginal para convertirse en una amenaza real al statu quo soberanista.
El choque se libra en el territorio, y ahí Orriols juega con ventaja. Cada concejal, cada apoyo en un pequeño municipio, fortalece la imagen de una formación que crece desde abajo y que puede condicionar mayorías en el Parlament en un futuro no tan lejano. En política catalana, donde los equilibrios son frágiles, esa implantación puede marcar la diferencia.
NOTA DE LA REDACCIÓN DE ELCATALÁN: elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí).
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.




















