“La democracia española no es heredera del franquismo”

Jordi Cañas fue uno de los treinta catalanes entrevistados en el libro “Me gusta Catalunya, me gusta España”. Aunque la obra es de finales del 2014, por su claridad y por ser alimento para el espíritu de los catalanes que luchan por la buena convivencia con sus compatriotas del resto de España, reproducimos algunos de sus párrafos más interesantes.

El nacionalismo ha sabido reinventar la historia para justificar su política actual. ¿Está funcionando la mitología que han creado?

Está funcionando porque es la única que se cuenta. El paradigma de esta visión intoxicadora y manipuladora de la historia fue el famoso simposio ’España contra Catalunya’, en el propio título está resumido todo, como el nacionalismo desde finales del siglo XIX ha idealizado y manipulado el pasado para crear una justificación histórica del presente político. No es ninguna novedad, lo que es novedoso es que historiográficamente no se hayan alzado más voces denunciando esta manipulación, y el silencio y aborregamiento de los historiadores que más allá de su opinión política entiendan que la historia ha de servir para conocer lo sucedido y no como justificación del presente.

El nacionalismo necesita unos mitos fundacionales y un relato del pasado que justifique su visión del futuro. Este hecho se acelera a partir de los años setenta cuando algunos ‘insignes’ historiadores deciden usar el pasado para su proyecto de construcción nacional. No engañan a nadie. El problema es que en el 2014 se conmemora el Tricentenario de 1714, que es una fecha importante para la historia de España, no solo la de Catalunya, ya que ese año la corona pasa a la Casa de Borbón y no ha habido ninguna celebración por parte de la Academia de la Historia a la hora de poder ofrecer una visión más plural de la realidad histórica no solo de Catalunya, sino del conjunto de España. El nacionalismo no ha tenido hasta ahora oposición, no la ha tenido política durante décadas y de momento todavía no la tiene desde el punto de vista intelectual.

¿Por qué no la ha tenido desde el punto de vista intelectual?

Por miedo y por complejo. Por miedo en Catalunya porque aquellos que se significan en contra del nacionalismo no tienen itinerario profesional. Todos aquellos profesores de historia que aspiren a acceder a puestos de responsabilidad en la universidad catalana saben que no se pueden manifestar en contra del nacionalismo. Y el complejo de muchos que todavía creen que manifestarse contra el nacionalismo es hacer el juego a una visión de España que yo también denuncio, que es una visión uniformizadora, que también tiene unos mitos fundacionales, aunque con menos recorrido. Desde el fin del franquismo la historiografía española ha puesto negro sobre blanco la interpretación de la historia desde una perspectiva no mitológica, sino puramente historiográfica.

Pero en Catalunya perdura ese complejo que hace que el nacionalismo ocupe un espacio que desde las administraciones públicas y desde la propia Academia no se ha neutralizado. A la hora de la verdad exigimos a los ciudadanos que sean valientes y se enfrenten solos al poder del nacionalismo, pero si se hubiera tenido alguna estrategia desde los poderes del Estado a la hora de neutralizar con argumentos serios e historiográficos las mentiras y las manipulaciones nacionalistas la situación no habría llegado tan lejos. Cuando esto no pasa se fija en la sociedad un relato colectivo que es el que se explica en las escuelas, en la televisión, en los museos, desde la Academia… Y eso al final hace que la mentira se convierta en verdad.

Denuncia que no ha habido una reacción por parte de los sucesivos gobiernos de España. ¿Por qué?

Porque en paralelo no ha habido una voluntad de construcción de la Nación española desde fundamentos modernos y contemporáneos. El nacionalismo ha hecho todo lo que tienen que hacer los Estados, que es construir un relato colectivo. Lo que denuncio es que este relato colectivo en manos del nacionalismo se convierte en un relato mitológico. Los poderes del Estado no han sentido nunca la necesidad de cambiar una visión de España que se fijó socialmente durante el franquismo, que evidentemente también tenía su vocación de manipulación y de uso de la historia para justificar su proyecto político. En vez de hacer lo contrario, y ayudar a conocer nuestra historia desde una perspectiva democrática, integradora, coherente y honesta intelectualmente y veraz se ha dejado de la mano de Dios.

¿No ha interesado?

No se ha querido hacer ni pública ni políticamente ningún tipo de estrategia. Resumo: en el 2014 también se celebra el aniversario de Prim. ¿Dónde están los actos institucionales? Hace dos años se celebró el bicentenario de la Constitución de 1812, una de las constituciones más avanzadas de su tiempo. Los actos se centraron prácticamente en Cádiz. ¿Cómo vamos a dar a conocer nuestra historia común si no hay una voluntad política de explicar a los españoles cuales han sido nuestros aciertos y nuestros fracasos colectivos? El nacionalismo es la perversión de la realidad, o del pasado para reforzar su proyecto de futuro. Cuando alguien abandona un espacio, otro lo ocupa. La naturaleza odia el vacío.

No ha habido una voluntad de inculcar unos valores colectivos por parte de los poderes públicos del Estado y se ha dejado hacer al nacionalismo una estrategia de manipulación histórica y de la realidad política española desde las escuelas, desde los medios de comunicación y desde el fomento de la Academia. Estrategia que ha reforzado su idea de separación y de oposición de Catalunya al resto de España. Cuando tú no haces nada, mientras alguien envenena, y tú no pones un antídoto, al final la sociedad se envenena. Y vivimos ahora mismo un momento en el que la sociedad catalana está envenenada por aquellos que pueden decir de una forma ufana que han conseguido su objetivo.

¿Cree que desde los poderes de ‘Madrid’ han permitido a los nacionalistas crear un ‘califato’ a cambio de apoyo político?

La lógica política seguramente viene fruto de una visión de cierta sensación de culpabilidad, absolutamente estúpida, no asumiendo que la democracia española no es heredera del franquismo, sino que la democracia es una conquista de los ciudadanos españoles. Y esa visión casi avergonzada del pasado de España, como si fuera una responsabilidad exclusiva de España y no del conjunto de sus territorios y de sus elites políticas, diseñó una lógica en la que tanto el PSOE como el PP definieron Catalunya como un remedo de coto de caza del nacionalismo en el que podían hacer lo que quisieran siempre y cuando dieran apoyo legislativo a los diferentes Gobiernos de España. Era un intercambio, por el que tú me apoyas en Madrid y yo te dejo hacer lo que té de la gana en Catalunya.

Y gracias a este ‘pacto’…

Gracias a esta actuación hemos llegado a donde estamos. Miraron hacia otro lado mientras en Catalunya se había iniciado un proceso de construcción nacional. Esta lógica explica porque el nacionalismo ha conseguido imponer una determinada visión de Catalunya y del conjunto de España sin tener delante ningún tipo de oposición. CiU y PNV han sido elementos importantes en la gobernabilidad de España a cambio del sacrificio de la verdad, de los derechos de los ciudadanos y de una visión y una idea de España.

Los poderes de ‘Madrid’ han dado por bueno que en España había unas zonas de exclusión constitucional, en las que no se cumplía, sin entender que era necesario tras el advenimiento de la democracia la construcción de un relato colectivo moderno, riguroso y contemporáneo que sirviera para crear un proyecto común para el conjunto de los españoles. Un proyecto común que no tiene por qué ser homogéneo. Esta dejación ha llevado a España a una situación muy complicada, que ya veremos si es reversible, pero que nos obliga a modificar y a reformar el marco político.

Esquerra ganó en junio sus primeras elecciones en Barcelona desde 1936, las Europeas. ¿Qué sintió?

Era impensable hace unos años, porque Barcelona significaba lo mejor de Catalunya y lo mejor de España. Barcelona era el reflejo que yo esperaba que fuera Catalunya cuando Pujol perdiera las elecciones. Y una imagen de modernidad que yo quería para el conjunto de España. Esto se ha truncado desde hace años. Barcelona se ha convertido en el ariete del nacionalismo y ha perdido buena parte de lo que significó. Mario Vargas Llosa no hubiera venido a Barcelona ahora. Ni Gabriel García Márquez. No vendrían aquí porque esto ha cambiado.

Pero creo que es reversible. Quiero recuperar esa Barcelona que fue, pero no como una añoranza del pasado, sino como una de las capitales de España y una de las ciudades más importantes del mundo. Tiene que ser un espacio de integración, y eso pasa porque los nacionalistas no se apropien de lo que es la idea de Barcelona. Y, sobre todo, que no se apropien reduciéndola. La Barcelona del 2014 es menos que la del 1992. Es menos, y es peor, y eso también es responsabilidad de todos, que les hemos dejado a los nacionalistas ocupar el espacio público, les hemos dejado manipular las instituciones barcelonesas.

Le voy a decir una serie de términos que usan los nacionalistas, y le voy a pedir que los defina. Comencemos con ‘colono’.

Posiblemente sea el término que mejor define la visión que tienen los nacionalistas de todos aquellos que no lo son. Aunque muchos siguen con la careta puesta y no lo usan, pero en el fondo lo piensan. Es lo que más me preocupa.

‘Unionista’.

Es una forma de llamar a aquellos que defendemos la unión en el conjunto de España. No me encuentro cómodo con él, pero sí con el término ‘unión’. Me gusta la ‘unión’.

‘Autoodio’.

Es lo que dicen los nacionalistas que tenemos aquellos que no lo somos, pero que cualquier psicólogo dictaminaría que es el diagnóstico de su propia realidad política. Ellos sí que tienen ‘autoodio’, porque odian lo que son.

¿Han conseguido los nacionalistas imponer su terminología?

La gran guerra que hay que seguir batallando es la del lenguaje, la de las palabras. El separatismo ha conseguido dibujar la realidad en función de la semántica que han impuesto. Creo que Ciutadans ha conseguido, un poco, romper esa lógica.

¿Y cómo han conseguido imponer su lenguaje?

Porque nadie ha sido capaz de darles una respuesta política y semántica. Las ideas se construyen con palabras, si tú permites y utilizas los términos que los nacionalistas imponen refuerzas la visión que ellos definen. No hay ideas diferentes si no se usan conceptos diferentes. Y hay conceptos comunes, y otros que no lo son. No entiendo como TVE cuando habla de España habla de ‘Estado español’. Y lo hace. Y lo mismo la SER. En muchas ocasiones se usan términos que están diseñados perfectamente desde el nacionalismo para construir una determinada cosmovisión de lo que es Catalunya en el conjunto de España. Hasta que se neutralice como los nacionalistas usan las palabras de una forma venenosa, tienen buena parte de la guerra ganada, porque con las palabras se crean las imágenes sociales y colectivas. Si les desmontas el lenguaje, les desmontas todo. La batalla del lenguaje es fundamental en aquellos que somos críticos con el nacionalismo.

¿Qué opina de la escuela en Cataluña?

Es uno de los grandes instrumentos de ingeniería social del último tercio del siglo XX en Europa. La educación ha sido la gran conquista del nacionalismo catalán como palanca de adoctrinamiento de los ciudadanos. La efervescencia del nacionalismo entre la juventud en el 2014 solo se explica desde un permanente adoctrinamiento en la escuela. En Catalunya se ha sacrificado la educación por el adoctrinamiento.

¿Cree que Catalunya lo acabará pagando?

Ya lo está pagando. Vivimos en una sociedad en la que los ciudadanos no son librepensadores. Quiero una educación que permita que cuando acaben su formación obligatoria puedan pensar por sí mismos. Y ahora piensan por ellos. Y la culpa es de aquellos que han diseñado un modelo educativo que tiene como objeto adoctrinar.

¿Y por qué se ha permitido?

No es ninguna novedad, estas cosas se han denunciado durante muchos años. Cuando escucho a representantes políticos del conjunto de España asombrarse de lo que está pasando en Catalunya es para decirles que tenemos un problema, porque si habéis gobernado un país que no conocéis, igual no os lo habéis merecido nunca. ¿Qué son responsables los nacionalistas? Por supuesto, pero es una responsabilidad compartida con aquellos que han dejado hacer porque han mirado hacia otro lado. Los nacionalistas llegan hasta donde les dejan. Y les han dejado. Pero quiero pensar en soluciones de futuro, y por eso queremos gobernar. La educación en Catalunya solo cambiará cuando aquellos que gobiernan no la quieran utilizar como un instrumento de adoctrinamiento y de construcción nacional, sino como una herramienta para favorecer la igualdad de condiciones entre los ciudadanos y los forme como ciudadanos libres.

¿Hay en Catalunya libertad?

Formal sí, real no. Y te pongo un ejemplo. Cuando se presentó la plataforma Societat Civil Catalana se buscaron personalidades para asistir al acto, y hubo unos cuantos que dijeron que no, a pesar que estaban de acuerdo con sus ideas, porque tenían miedo a las represalias. Se han hecho listas de periodistas, de opinadores… El que discrepa tiene poco recorrido profesional. Aquí, o estas con ellos, o estás contra ellos. En Catalunya se persigue a gente por pensar diferente. En Catalunya hay responsables políticos que cuando salen a la calle son increpados por pensar de otra manera.

¿Por qué el ‘procés’ ha llegado tan lejos?

Es el corolario de treinta años de una estrategia política. Creo que no ha llegado lejos, han llegado donde querían llegar. Cuando desde los años noventa Convergència decide infiltrarse en toda la sociedad civil, en todos los medios de comunicación, en todas las entidades culturales, asociaciones de vecinos tenían como objetivo llegar a este punto. El nacionalismo tenía una hoja de ruta y este es el final de su estrategia. Les ha podido la prisa, por eso pienso que todavía podemos desmontarlo. Si hubieran tardado diez años más creo que lo podían haber conseguido. Se han precipitado porque están generando anticuerpos. No será fácil, pero soy optimista. Tienen todo el poder a su disposición, los medios de comunicación, el dinero, han construido un marco mental social… Pero han generado anticuerpos.

¿Y por qué la prisa?

La sentencia del Constitucional fue fundamental, no por lo que dicen ellos, sino porque se les acabó el hacer las cosas impunemente. Cuando intentaron legalizar lo ilegal, tuvieron problemas, como en el caso de la inmersión lingüística. Cuando el PP decide no llevar al Constitucional la Ley de Política Lingüística es el principio de la consolidación de la inmersión como una metodología perfectamente legal. El problema es que nadie la había llevado al Contitucional hasta que los nacionalistas la incluyeron dentro del Estatuto del 2006 como lengua preferente, en un intento de legalizar lo que claramente era ilegal. Hasta ese momento los grandes partidos habían dejado hacer a los nacionalistas y habían mirado hacia otro lado.

¿Puede detallarlo más?

Tengo un ejemplo que lo explica. Es como aquel que construye ilegalmente una casa en la playa y la tiene durante muchos años. Y un día va al ministerio con su documentación a legalizarla, y le dicen que no es posible y que la tiene que derribar. Y cuando pregunta por qué si llevaba muchos años viviendo sin problemas en ella, le contestan “es que nadie le había denunciado, pero ahora ha hecho un acto administrativo y la tenemos que tirar”. El problema no es de la justicia, el problema es que en Catalunya había una ley educativa claramente inconstitucional. Eso significó que se les había acabado la impunidad, porque había una sentencia del Constitucional que dictaba que una parte de la legislación autonómica que no había sido recurrida por los Gobiernos de España por intereses electorales, era ilegal. Y eso significó el fin de esa estrategia política de ir consiguiendo cosas al margen de la ley.

¿Cuál sería la España que tiene futuro?

Me gustaría vivir en un país en el que se antepusieran los derechos de los ciudadanos a las lógicas políticas, en el que se construyera entre todos un proyecto de país mejor a todos los niveles, a nivel de proyecto común y a nivel económico, en el que España se convirtiera en una tierra de oportunidades y de igualdad de oportunidades para los ciudadanos, con políticas estructurales que se salgan de la lógica electoral para llegar a acuerdos en temas fundamentales y que tenga una idea permanente de progreso y de mejora.

¿Qué más?

Lo importante es no echar por la borda todo lo que se ha hecho. Estoy harto de vivir en un país en el que se quiere volver a la casilla de salida cada veinticinco años. Quiero un país que reflexione sobre aquello que ha hecho mal y lo corrija. Y ponga en valor lo que ha hecho bueno. Y sobre todo, un proyecto común, la gente necesita una ilusión colectiva, porque es el motor de la esperanza. Esperanza en vivir en un país mejor, y que la gente se sienta orgullosa de su país. Me gusta la autocrítica, pero esa crítica ha de ser constructiva, no podemos tirar por la borda nuestros avances.

El progreso de España en las últimas décadas ha sido espectacular a todos los niveles. Hemos hecho cosas mal, y hemos de cambiarlas, pero cambiar no significa romperlo todo y volver a empezar. Y el gran problema de la democracia española como garantía de ese avance permanente son dos partidos políticos que han sacrificado el interés del país por sus intereses electorales a corto plazo, que no han tenido visión de Estado. No ha habido estadistas en España, ha habido políticos de vuelo muy corto que han sido incapaces de asumir el reto de mejorar el patrimonio que han recibido. El acuerdo constitucional fue uno de los pactos más importantes de nuestra historia, que debía servir para acometer las transformaciones que este país necesitaba. Empezó muy bien, evolucionó bien pero de repente se truncó.

¿Cuándo?

Cuando los dos grandes partidos abandonaron la lógica del acuerdo en aquello que tenía que unirlos para hacer cainismo político permanentemente, sacrificando el interés general y el interés del Estado. Haciendo política contra el Estado desde partidos de gobierno. Eso no pasa en ningún país de nuestro entorno, hay puntos que los partidos no ponen en cuestión. No se pone en cuestión la política de defensa, la exterior, la energética o la educativa. Porque son los pilares fundamentales de una sociedad. No se puede no llegar a acuerdos sobre un modelo fiscal, o un modelo productivo. Un país necesita estabilidad en algunos aspectos.

Evidentemente los ciudadanos deciden como se aplican las políticas o como se legisla o como se avanza en derechos sociales. Pero no se puede sacrificar el interés general en beneficio de un interés electoral. Es lo que más mal me sabe, que los grandes partidos no hayan estado a la altura de las circunstancias, y que hayan preferido destruir al contrario y con él una parte de la credibilidad del Estado, para ganar unas elecciones. Hay que romper las trincheras, en política tiene que haber adversarios, no enemigos. Si lo conseguimos, tenemos mucho futuro, porque además la sociedad lo está exigiendo.

¿Cómo sería su Catalunya ideal?

Pues no muy diferente de como veo España. Los problemas del conjunto de España se replican en Catalunya con la precisión de un reloj suizo. La corrupción no es patrimonio del resto de España, también la tenemos en Catalunya. La falta de construcción de una sociedad integradora no es patrimonio del conjunto de España, también se padece en Catalunya. Quiero una sociedad y una política catalana que trabaje para el beneficio de sus ciudadanos, y que no nos divida. En Catalunya hay partidos políticos, nacionalistas, que han diseñado estratégicamente la división de Catalunya en dos bloques, en dos trincheras. En vez de suturar las diferencias, en vez de buscar puntos de acuerdo están reforzando las diferencias y las divisiones. Las soluciones, tanto para Catalunya como para toda España, son las mismas, partidos políticos que busquen los puntos de acuerdo y que trabajen para el conjunto de la sociedad.

¿Qué es España para usted?

Es mi nación, es mi país. Es mi comunidad de afectos colectiva. Es mi historia. Es mi familia. Es mi casa cuando viajo. Ni mejor ni peor que otros, aunque para mí es bueno. Y estoy orgulloso de ser español, pero no soy conformista y quiero un país mejor. No quiero que nadie rompa aquello que para mí es una parte fundamental, que es mi espacio común, aquel sitio al que cuando voy estoy en casa. Por suerte he viajado mucho durante toda mi vida, y la sensación de volver a casa, pises donde pises de España, es fantástica. Y no soy chauvinista, no creo que mi país sea mejor que otros. Pero creo que es un buen sitio para vivir y seguiré trabajando como ciudadano español para que nadie lo ponga en cuestión y para que nadie lo divida. Quiero participar en esa necesaria tarea permanente e inacabable de construir una nación mejor. Para mí España es una nación de ciudadanos, no es un ‘Estado’. El ‘Estado’ ordena la vida en común, pero España es algo más, un sentimiento. Yo entiendo a veces a los independentistas cuando hablan de sentimiento, porque yo también lo tengo. Pero creo que el nuestro no es excluyente, es integrador, y el suyo es excluyente. Yo no quiero dejar de ser español, quiero ser español en una España mejor.

¿Y qué es Catalunya?

Es mi tierra. Es una parte fantástica de España. Cuando vengo a Catalunya también vengo a casa. Yo soy primero barcelonés, luego catalán y después español. Y también europeo. Y no me gusta que nadie quiera hacerme sentir extranjero en mi tierra. Me duele mucho cuando compatriotas míos me llaman ‘colono’. O cuando me dicen que me vaya a mi país, cuando soy catalán. Yo eso todavía no lo he oído que un español se lo diga a otro. Y me entristece mucho vivir en una parte de España en la que hay conciudadanos míos que nos niegan aquello que somos. Uno es de donde nace, soy catalán porque nací aquí. Y me pertenece esta tierra, como me pertenecen otras tierras de España, mi padre es andaluz y mi madre castellana. Son también mi patrimonio, y ese patrimonio común y colectivo es España. Ser catalán es una forma fantástica de ser español. Y como catalán me gustaría seguir participando de la construcción de una Catalunya mejor, en la que no se divida a los ciudadanos en función de si son nacionalistas o no. Este es el gran reto que tenemos, que vuelva la Catalunya que era una tierra que no se miraba de donde se venía, sino que se quería ser. Esa Catalunya a la que vinieron mis padres. Catalunya es mi tierra porque mis padres la han construido. Mucho más que muchos que ahora se otorgan el patrimonio de lo que es Catalunya. Mis padres son más catalanes que muchos de los que ahora les llaman ‘colonos’, porque ellos han ayudado a construir esta tierra con sus manos y con su sudor, sin que nadie les regalara nada. Catalunya es mi tierra porque mis padres se lo ganaron.


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