Tras el paso de la DANA que azotó con dureza a la Comunidad Valenciana, las consecuencias fueron devastadoras en varias comarcas. Sin embargo, más allá de la tragedia humana y material, la gestión política de la crisis ha mostrado el estilo ‘sanchista’. El PSOE ha instrumentalizado el sufrimiento ciudadano para atacar al gobierno autonómico liderado por Carlos Mazón (PP), que cometió errores, pero el Gobierno central fue el que que no quiso desplegar inmediatamente al Ejército y a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. ¿Recuerdan el famoso «si quieren ayuda, que la pidan» de Pedro Sánchez?
En los días posteriores a la DANA, dirigentes socialistas comenzaron a desplegar una campaña de comunicación centrada en responsabilizar en exclusiva al Consell, pese a que muchas de las competencias en materia hidráulica y emergencia civil están repartidas entre el Gobierno central y las administraciones locales. Esta narrativa, repetida en medios y redes afines, buscaba sembrar la percepción de una supuesta «inacción» por parte del Ejecutivo autonómico.
El PSOE habría activado una red de asociaciones civiles vinculadas ideológicamente con la izquierda para organizar protestas contra Mazón. Entre ellas, algunas entidades independentistas valencianas y plataformas de activismo social que históricamente han colaborado en campañas de movilización política afines al nacionalismo y al progresismo radical. Por supuesto, entidades separatistas catalanas como la ANC y Òmnium Cultural colaboraron en esta operación.
Las pancartas, los lemas y los discursos utilizados señalaban casi exclusivamente al gobierno autonómico, ignorando la responsabilidad compartida que el Estado y otros organismos tienen en la gestión de infraestructuras hidráulicas y de prevención de catástrofes naturales. Es tan evidente la manipulación política que la asistencia ha menguado espectacularmente: en noviembre salieron a la calle en Valencia cerca de 100.000 personas, en junio apenas pasaron de las 5.000.
La estrategia ha levantado críticas no solo desde el Partido Popular, sino también desde sectores independientes del ámbito académico y técnico, que denuncian la utilización partidista de una catástrofe climática. El episodio evidencia cómo, en tiempos de emergencia, la tentación de convertir la catástrofe en arma política sigue presente. La ciudadanía, atrapada entre la devastación y el ruido mediático, merece algo mejor: soluciones, coordinación institucional y respeto por su dolor, no su utilización con fines electorales.
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