Hace unos días el digital El Confidencial contaba una historia interesante: Ómnium Cultural ha decidido dar por perdida una importante suma de dinero en el extranjero. La entidad independentista ha condonado 130.400 euros a su filial en Bélgica, Ómnium Civil Rights Europe (Òmnium CRE). Un agujero contable que consta en la memoria del último ejercicio y que pone fin a una operación opaca posiblemente relacionada con la presencia del prófugo Carles Puigdemont en la localidad belga de Waterloo.
Òmnium CRE se fundó en 2018 en Bélgica, cuatro meses después de que el entorno de Carles Puigdemont impulsara CATGlobal ASBL para dar cobertura legal a la actividad del Consell per la República, un artefacto que creó el líder de Junts para intentar suplantar desde Bélgica la función institucional de la Generalitat, y que nunca cuajó. La vinculación entre el Consell y Òmnium CRE era tan estrecha que, tal y cómo desveló el Confidencial, «durante siete meses el administrador de ambas entidades fue la misma persona: Jaume Cabaní, conocido como el informático de Puigdemont y el hombre que controlaba las cuentas corrientes del movimiento independentista en el exterior».
La maniobra liquida definitivamente la deuda que mantenía la delegación belga. Una peripecia europea cuyos detalles financieros nunca se explicaron con claridad, aunque son los socios de la entidad, que son los principales sustentadores de la misma, los que deberían – si lo desean – pedir explicaciones.
La filial belga se financió mediante una serie de préstamos concertados a un interés del cero por ciento. Los créditos sumaron un total de 319.400 euros destinados a financiar una actividad de la que poco o nada se sabe. En 2021 cesó el flujo de dinero y comenzó un proceso de devolución que ha terminado en fiasco.
El resultado final de la aventura comunitaria es la pérdida nula y sin retorno de más de 130.000 euros. Esos fondos no regresarán a las arcas de la organización porque han sido condonados de un plumazo. La generosidad con la delegación belga la han terminado pagando las finanzas globales de la entidad.
La repercusión en el balance global del ejercicio de 2025 resulta incontestable. Ómnium cerró el año con un déficit registrado de 180.608 euros. Eso significa que el 72 por ciento de las pérdidas del año obedecen directamente al rescate de la delegación en Bruselas. La directiva justifica el perdón de la deuda aduciendo la necesidad de dar continuidad a la internacionalización de la causa. Se apela a la misión ideológica para tapar un roto económico de grandes proporciones. Pese a las explicaciones oficiales, el detalle exacto de las gestiones en Bélgica sigue sin aclararse.
Ómnium presume de ser la plataforma soberanista con mayor número de inscritos y mayor trayectoria histórica. Sus cuentas se sostienen en gran medida gracias a las cuotas periódicas recibidas de sus más de 154.000 afiliados. Las aportaciones privadas representan el 89 por ciento de los ingresos totales del colectivo.
Resulta difícil explicar a esa masa de asociados por qué su dinero termina diluido en aventuras fantasma en el extranjero. La complacencia con la que el sector separatista encaja estos desmanes evidencia el doble rasero con el que juzgan la gestión de lo público y lo privado. El manto protector del discurso identitario lo perdona todo.
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