La buena gente

En el pleno ordinario del Ayuntamiento de Lleida del mes de junio, el Comité de Defensa de la República del barrio de Cappont nos puso a debate el cambio de nombre de una plaza para, oh sorpresa, pasar a llamarla del 1 de octubre.

No era la primera vez que debatíamos una moción de estas características, y no hace falta ser el Oráculo de Delfos para vaticinar que no será la última.

La cuestión es que, aparte de soltar los mantras de rigor, que no voy a repetir para no aburrirles, los separatistas volvieron a enseñar, una vez más, lo que realmente piensan de los que no compartimos sus ideas.

Voy a ahorrarles también la sarta de descalificaciones que nos dedicaron. Pero sí quiero transcribirles literalmente como dio comienzo a su intervención la concejal de ERC que defendía el posicionamiento de su partido. Pueden Uds. comprobarlo en la videoacta del pleno, disponible en la web del Ayuntamiento.

“El uno de octubre de 2017, la buena gente de Lleida salimos a la calle convencidos que vivíamos en democracia, la buena gente de todas las edades y toda condición, los jóvenes inconformistas y los más conservadores, los padres y madres con criaturas, los abuelos, las abuelas, los agricultores, los médicos… Todos salimos de casa hacia nuestro colegio electoral (…)”.

Aquí lo tienen: no “el uno de octubre un grupo de buena gente de Lleida…” No “el uno de octubre hubo gente de Lleida que de buena fe acudió a votar…” No. Literalmente, la buena gente, toda, fue a votar, lo que implica que la mala gente nos quedamos en casa.

El supremacismo, de nuevo, enseñando la patita. No hay que engañarse. Tampoco es que la escondieran mucho. No hay más que leer al MHP Torra en su dilatada trayectoria como articulista para tener ejemplos constantes de lo que el separatismo piensa de aquellos que no comulgamos con sus ideas.

Siempre el “ellos frente a nosotros”. Siempre el argumento de la exclusión: “si no fuiste a votar el 1 de octubre es porque no eres un demócrata”. O directamente la culpabilización: “vosotros que aplaudís y felicitáis a los que nos vinieron a pegar…”

El separatismo ha quebrado en dos la sociedad catalana. Y lo ha hecho poniendo en un saco a los malos catalanes (los que denominan unionistas) frente a los buenos catalanes (a los que denominan demócratas).

El separatismo ha pervertido el lenguaje. Ha volado en pedazos la convivencia y el respeto entre ciudadanos de diferentes ideologías. Ha usado el populismo más demagógico y mezquino para dividir a las personas.

Y lo ha hecho durante décadas, con la desidia, cuando no la connivencia, de los que debían garantizar los derechos de todos los ciudadanos. Y lo ha hecho de tal forma, que ha construido un relato muy convincente incluso para aquellos que no son netamente independentistas… La frase que les he mencionado es una sutil muestra: La buena gente. Nuestra gente. Nosotros.

Es necesario contrarrestar este relato. Es imprescindible rebatir el maniqueísmo intelectual. Es vital argumentar con serenidad y no darles alas a los supremacistas. Urge recuperar el espacio político concedido de forma irresponsable durante tantos años.

¿Cómo? Pues entre otras cosas, tumbando mociones como la comentada. Sin complejos. Enfrentándose al populismo supremacista y dejando claro que la buena gente está en todas partes. Y, oh sorpresa, también en todos los partidos.

Ángeles Ribes


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