El homenaje que Salvador Illa va a rendir a Lluís Companys, aprovechando los fastos de Sánchez del cincuenta aniversario de la muerte de Franco, es un grave error. Rendir homenaje en el Palau de la Generalitat, que debería representar a todos los catalanes, a un personaje tan controvertido como Companys demuestra que el líder socialista prefiere complacer a sus socios separatistas que conseguir la concordia entre todos los catalanes.
Companys es el responsable directo del asesinato de más de ocho mil católicos, entre ellos un buen número de sacerdotes, en la retaguardia durante la Guerra Civil. No fueron caídos en acción de guerra sino que fueron asesinados por comandos de milicianos que buscaban venganza o mostrar su odio hacia la religión católica.
Homenajear a Companys es insultar la memoria de todos aquellos que fueron torturados por bárbaros que no tuvieron ningún respeto hacia la vida humana. No fueron víctimas de la lucha en las trincheras, fueron sacados de sus hogares y asesinados por motivos religiosos. Y Companys no hizo nada para evitarlo. Muy lejos estamos de conseguir la concordia en Cataluña cuando el sectarismo del presidente de la Generalitat le hace olvidar hechos tan graves.
Bueno sería que Esquerra Republicana pidiera perdón por los desmanes de Companys. Entonces podríamos comenzar a hablar de rehabilitar la figura de un ‘president’ que permitió tal masacre. La muerte de Companys fue trágica porque fue entregado por los nazis al régimen de Franco para ser fusilado. Pero la barbarie franquista no puede tapar la barbarie de Companys. El líder del PSC ha perdido otra oportunidad de unir a los catalanes y sigue empeñado en dividirlos.
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