Un sentimiento que nació para perdurar
Pocas aficiones pueden presumir de una historia tan llena de orgullo, constancia y amor por unos colores como la del RCD Espanyol. En sus 125 años de vida, el club blanquiazul ha vivido momentos gloriosos y etapas difíciles, pero su afición siempre ha estado ahí, haciendo del compromiso y la lealtad una forma de vida.
Más que un club, una familia perica
Desde su fundación en 1900, el sentimiento perico ha trascendido el fútbol. Ser del Espanyol es pertenecer a una familia que comparte valores de esfuerzo, humildad y orgullo. En cada generación, padres e hijos se transmiten la pasión blanquiazul, demostrando que el amor por el Espanyol no entiende de categorías ni resultados.
La fidelidad como emblema
Cuando llegaron los descensos, la afición no se rindió: llenó el estadio, animó más fuerte y siguió creyendo. El RCDE Stadium es hoy un templo de resistencia emocional, donde miles de voces entonan con orgullo el himno blanquiazul. Esa fidelidad, más que un gesto, es una filosofía de vida. Conseguir convocar a cerca de treinta mil aficionados tras vivir una época muy difícil, con dos descensos en pocos años, tiene mucho mérito.
El 125º aniversario: homenaje a una hinchada eterna
En este aniversario histórico, el Espanyol ha querido rendir homenaje a su afición. Exposiciones, actos conmemorativos y encuentros con leyendas del club recuerdan que la historia del Espanyol se escribe con los nombres de sus seguidores, los verdaderos protagonistas de estos 125 años. El acto central se celebrará el 28 de octubre – día de fundación del club – en el paraninfo de la Universidad de Barcelona, institución a la que pertenecían los que impulsaron su nacimiento.
Ejemplo de civismo y pasión
En cada desplazamiento, la hinchada del Espanyol demuestra un ejemplo de respeto y orgullo. Sus cánticos, su colorido y su comportamiento ejemplar han sido reconocidos por rivales y árbitros por igual. El espíritu perico es pasión, pero también elegancia: animar con fuerza, pero siempre desde el respeto.
Una afición que nunca abandona
Incluso en los momentos más duros, los pericos han demostrado una fidelidad inquebrantable. Su amor por el club no depende de los resultados, sino del sentimiento. Son los mismos que celebran una victoria en Segunda como si fuera un título europeo, porque saben que cada paso del camino forma parte de su identidad. Durante la última estancia en Segunda era normal conseguir más de veinte mil aficionados en el estadio, cifra enorme para la categoría.
El alma del Espanyol
A lo largo de 125 años, el RCD Espanyol ha cambiado de estadios, de jugadores y de épocas, pero nunca de corazón. Ese corazón es su afición: miles de personas que siguen soñando con un futuro lleno de esperanza. Más allá de los goles, la mayor victoria del Espanyol es su gente, la que demuestra que la fidelidad, el orgullo y el amor por unos colores no tienen fecha de caducidad.
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