Las gestión de Salvador Illa sigue bajo la lupa de una oposición que no concede tregua en el ámbito identitario. Mònica Sales, portavoz de Junts en el Parlament, ha lanzado una dura carga contra la gestión del PSC en materia lingüística. Para la formación independentista, el nuevo Departament de Política Lingüística es una estructura vacía de contenido real.
Sales sostiene que el Ejecutivo socialista no ejerce el liderazgo necesario para revertir la caída del uso del catalán. Según la dirigente, un Govern debe ser, ante todo, un modelo de conducta lingüística en cada una de sus intervenciones. Sin embargo, denuncia que la realidad cotidiana de los miembros del gabinete de Illa contradice este principio fundamental.
Desde Junts se acusa al PSC del que el uso del catalán queda relegado en actos oficiales del Govern. Estas «anécdotas», como las define Sales, no son incidentes aislados para el sector más crítico del soberanismo. Representan, a su juicio, una falta de compromiso político en un momento de fragilidad extrema para el idioma.
La portavoz se muestra hoy más convencida que nunca de la decisión de su partido de no suscribir el Pacte Nacional per la Llengua. Pese a las presiones recibidas para sumarse al consenso, Junts optó por el desmarque estratégico. El partido de Puigdemont considera que el documento firmado por PSC, ERC y Comuns carece de la ambición necesaria para afrontar el reto actual y quiere un mayor grado de persecución del uso del castellano, coartando aún más los derechos lingüísticos de los catalanes castellanoparlantes.
El pacto en cuestión proyecta una inversión de 200 millones de euros anuales y el objetivo de ganar 600.000 hablantes. Unas cifras que, sobre el papel, parecen ambiciosas, pero que para la derecha independentista no pasan de ser propaganda. Sales insiste en que los recursos económicos no sirven de nada si falla la voluntad política de ejemplaridad.
La crítica de Junts pone el foco en la contradicción que supone firmar grandes acuerdos mientras se relaja el uso del catalán en la administración. Para la formación de Puigdemont, el PSC está más cómodo en la retórica que en la acción defensiva de la lengua. Esta desconfianza se extiende a la creación de nuevas consejerías que, según ellos, solo sirven para engrosar el organigrama.
La situación del catalán está «bajo mínimos», advierte Sales en una reciente entrevista a la ACN. Esta realidad exigiría, según su criterio, que las instituciones actúen como verdaderos catalizadores sociales. Si el Govern no utiliza el catalán de forma sistemática, pierde la autoridad moral para pedirlo a la ciudadanía.
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