Oriol Junqueras ha activado de nuevo su maquinaria política con una clara ofensiva interna para consolidarse como el futuro candidato de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) a la presidencia de la Generalitat. El líder republicano, inhabilitado actualmente para ejercer cargo público, confía en que la medida sea levantada en el momento en que se convoquen las próximas elecciones catalanas.
Su objetivo es llegar a esa cita en plena forma política y con el partido cohesionado en torno a su figura, recuperando así el papel central que ocupó antes de su condena por el referéndum del 1-O y evitar que aparezca una nueva figura al estilo de Pere Aragonès que intente eliminar su liderazgo en ERC.
Durante un reciente acto público, Junqueras dejó pocas dudas sobre sus intenciones. “Estoy preparado para volver a servir a mi país desde donde haga falta”, aseguró ante un auditorio entregado, marcando el tono de una campaña que, aunque aún no oficial, ya está en marcha dentro de las filas republicanas. Su discurso apeló a la experiencia, la lealtad al proyecto de ERC y la necesidad de mantener una estrategia de diálogo sin renunciar a los ideales independentistas.
Este lunes, el exdiputado en el Congreso Joan Tardà se sumó con fuerza a esa ofensiva, defendiendo apasionadamente la candidatura de Junqueras en un artículo en ‘El Periódico’. Tardà, una de las voces históricas del partido, reivindicó la figura del exvicepresidente de la Generalitat como “el mejor preparado” para liderar la nueva etapa republicana y consolidar los avances logrados durante la última década. Su intervención ha sido interpretada como un mensaje dirigido a las bases: el liderazgo de Junqueras no solo sigue vigente, sino que debe reafirmarse frente a la incertidumbre interna.
El sector mayoritario de ERC, afín a Junqueras, ha comenzado a cerrar filas en torno a su figura. Dirigentes territoriales, cargos orgánicos y referentes del partido han iniciado contactos para reforzar su apoyo público, conscientes de que una candidatura sólida requiere mostrar unidad en un momento político volátil. La consigna es clara: proyectar estabilidad y continuidad, evitando que las dudas internas alimenten la percepción de fractura.
Sin embargo, no todos dentro de ERC comparten el entusiasmo por un nuevo liderazgo de Junqueras. Los sectores más críticos alertan de que su estrategia de diálogo con el PSOE y el PSC ha debilitado la posición del independentismo y ha diluido el perfil propio del partido. Consideran que ERC necesita una renovación de liderazgos y una actualización del discurso para reconectar con un electorado desencantado por la falta de avances tangibles hacia la independencia.
En este contexto, la dirección del partido trata de gestionar las tensiones internas con prudencia. Aunque oficialmente no se ha abierto el proceso de elección de candidato, los movimientos de Junqueras y su entorno han acelerado los tiempos. La cúpula republicana quiere evitar que el debate derive en un conflicto interno que pueda erosionar su posición de cara a unas elecciones que podrían convocarse en cualquier momento.
La ofensiva de Junqueras llega además en un momento en que ERC intenta redefinir su papel dentro del bloque independentista, especialmente ante la pugna con Junts y el liderazgo de Carles Puigdemont, la redefinición de la CUP como fuerza más pragmática dispuesta a pactos con el PSC y el crecimiento exponencial de Aliança Catalana. Su estrategia pasa por reconstruir la confianza en su liderazgo, reactivar a las bases republicanas y presentarse como el garante de una ERC capaz de combinar gobernabilidad con firmeza ideológica separatista.
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