Durante los años álgidos del ‘procés’ secesionista, con Puigdemont al frente, el entonces máximo responsable de los Mossos d’Esquadra, el major Josep Lluís Trapero, se convirtió en una especie de Eisenhower para el independentismo, el representante máximo de unas teóricas ‘fuerzas armadas’ para ‘liberar’ a la hipotética ‘República catalana’.
Los intentos de la Generalitat de capitalizar la respuesta policial, tras los salvajes atentados del 17 de agosto de 2017 de La Rambla y Cambrils, para dar a entender que las ‘estructuras de Estado’ catalanas eran autosuficientes, fueron una prueba de que el secesionismo no iba a detenerse ante nada con tal de conseguir sus objetivos políticos.
Todo en aquellas semanas fue un auténtico disparate. Las ruedas de prensa de Trapero en plan ‘Harry el sucio’, los intento de tapar las negligencias de los Mossos, los intentos de culpar a «España» de los atentados por los sectores más ultramontanos del separatismo, la manifestación en Barcelona en la que se faltó al respeto al Rey y a las instituciones comunes a todos los españoles… Y la figura de Trapero en medio, como el gran héroe armado del separatismo.
Después, tras el fracaso del golpe de Estado separatista, vino el «sálvese quién pueda» y el independentismo dejó tirado a Trapero que, con buen criterio, decidió que no iba a ser carne de cañón y que iba a intentar librarse de acabar en la trena. Y, de paso, intentar limpiar la imagen que fue cómplice en la celebración de la consulta ilegal del 1 de octubre. Le salió bien, renegó en público del ‘procés’, no fue condenado por la Audiencia Nacional, al precio de pasar a ser un «traidor» al separatismo.
La Consejería de Interior, en manos de Esquerra, le destinó, tras su rehabilitación policial, a una función a medio camino entre llevar los cafés y hacer las fotocopias. Es el «pago» a los que muestran cierta discrepancia con la teoría oficial que consagra al «espíritu de 1 de octubre» como fecha fundacional de la «República catalana». Y Trapero ha acabado alabando, en una entrevista publicada este domingo en ‘La Vanguardia’, la labor del CNI, Policía Nacional y Guardia Civil tras los atentados.
Josep Lluís Trapero ha visto de que va la tribu separatista, y ha conseguido desintoxicarse. Posiblemente las secuelas le duren décadas, y quién sabe si sufrirá alguna recaída, pero ha demostrado que se puede salir. Ahora solo falta que otros dos millones de catalanes lo hagan.
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