El pasado 2 de junio regresé de Irán después de un agotador viaje. Un mes recorriendo un país enigmático, cuya extensión es más de tres veces y medio la superficie de España. Una experiencia arriesgada, pero magnífica en lo cultural y en lo humano. EE. UU e Irán estaban en conversaciones que podían durar semanas, después de años de bloqueo, sanciones, amenazas y guerras interpuestas de intensidad variable.
Tan sólo 11 días después de mi regreso, Israel lanzaba un “sorpresivo “ataque contra instalaciones de energía nuclear iraní, acompañadas con la eliminación de varios científicos, así como de los más altos miembros de la cúpula miliar de Irán. Desde entonces la guerra continúa y con visos de cronificarse.
Quizás haya una tregua ambigua, circunstancial que evidencie las limitaciones de ambos. Israel no puede alcanzar sus dos objetivos básicos: cambio de régimen y cercenar totalmente el programa nuclear. Por parte Irán, la debilidad de sus pactos defensivos, su seguridad interna y también una evidente soledad diplomática.
Desde su fundación, Israel ha librado cinco guerras con sus vecinos árabes, y no ha dejado un solo minuto de luchar por su supervivencia. La primera en 1948, el año de su fundación e incorporación como nuevo miembro de las Naciones Unidas, tan solo tres años después del fin de la Guerra Mundial y del Holocausto. Recordémoslo, Israel sigue siendo la única democracia en Oriente Próximo.
El brutal ataque de Hamás (milicia palestina protegida por Irán) el 7 de octubre del 2023, en el que fueron asesinadas 1.250 personas y secuestradas otras 250, marcó un punto inflexión que ha precipitado toda la región y, seguramente el mundo al borde del abismo.
Desde entonces 57.000 personas han muerto en Gaza y más de 90.000 han sido heridas, al mismo tiempo que unos 900 soldados israelíes han perdido la vida en combate. Desde el espacio, Gaza cuya superficie es parecida a la del término municipal de Málaga, se asemeja a un paisaje lunar.
Después de la entrada de EE.UU. en la guerra, parece que nada ni nadie pueda detener, la espiral de ataques y represalias. Paradójicamente, aunque los combates cesen, la guerra continuará de otro modo, igual que el dolor y la miseria.
Si no somos capaces de superar la ley del Talión y su ojo por ojo, diente por diente, en un día no muy lejano, acabaremos todos ciegos. Nos queda la esperanza que nos recuerda, que los pueblos y sus gentes, suelen ser mejores que los corruptos sinvergüenzas que los dirigen. Esto es algo que también conocemos en España.
¿Y de Irán que les puedo decir? Es receptor de una cultura milenaria que se remonta a los Aqueménidas en el 550 A.C. Su historia es la del Próximo Oriente: seleúcidas, partos, sasánidas, timúridas… tras la conquista musulmana, abrazaron una concepción heterodoxa del islam: el chiismo que se ha mantenido hasta nuestros días.
El prejuicio, la desinformación y los miedos internos que todos llevamos dentro, nos hacían esperar un país de negro, de chador y mujeres sometidas, de un riguroso islamismo, intolerante y cerril, de una sociedad policiaca… nada más lejano de la realidad.
Sólo puedo hablar del calor, hospitalidad y afecto con que los ciudadanos iranís nos recibieron. Es un pueblo cercano y culto, me sorprendió la cantidad de librerías existentes en sus ciudades y su gusto por la poesía, la música y los jardines. La vida familiar compartida cuando cae la tarde en las plazas, y lugares públicos, para comer o cantar, hacen de sus atardeceres algo inexperimentado, mágico.
Durante el corto tiempo que se lo permitieron, Irán también fue una democracia, con Mohammad Mossaddeq (1951-1953), el primer ministro que, a raíz de intentar nacionalizar el petróleo, fue destituido en un golpe de Estado auspiciado por británicos y norteamericanos y, que daría el poder absoluto al Sha Reza Palevi, y a una época de relación fluida y amigable con Israel. Pero al Sha, modernizador y cleptómano a partes iguales, su desmesura y tiranía le llevaron a ser depuesto en una revuelta popular por el Ayatolá Jomeini, instaurador de la República Islámica.
Irán no tuvo un momento de tregua ya que fue atacado por un Sadam Hussein, auspiciado por EE. UU, en lo que se denominó la Guerra Impuesta. Ocho años de combates, sin vencedor ni vencidos, con 1.000.000 de muertos. Sobrecoge la multitud de cementerios urbanos con fotos de adolescentes y niños combatientes, que sus familias mantienen limpios y cuidados.
La historia reciente de Oriente Medio es un sueño de violencia. Las bombas seguirán cayendo en Teherán o Isfahán como en Haifa, Tel Aviv o en Gaza, y seres humanos sin culpa continuarán muriendo, para salvaguardar oscuros intereses que nada tienen que ver con los pueblos que los sufren. Malditas sean las guerras y mil veces malditos aquellos que las alientan, promueven y viven de la sangre de gente inocente.
NOTA: En estos momentos de crisis y de hundimiento de publicidad, elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.




















