Infierno de cobardes

Reza un refrán popular que hay legañas que se enamoran de su ojo. Haciendo extensivo este dicho a otros ámbitos de los sentimientos, algunas personas acusan una tendencia a autoequipararse a personajes ilustres de la humanidad, obteniendo con este tipo de comparaciones, acercarse más al ridículo que a la excelencia, como aquellas legañas que se quieren parecer a su ojo.  
 
Frecuentemente los Sres. Artur Mas y Carles Puigdemont, para justificar la defensa de sus ideas y unos supuestos derechos de Cataluña, se han comparado nada más y nada menos que con Mahatma Gandhi, Martin Luther King y Nelson Mandela. 
 
Gandhi por la defensa de la independencia de la India, inició durísimas huelgas de hambre que casi le costaron la vida. Estuvo varias veces internado en distintas prisiones, y pese a las presiones que sufrió por parte de las autoridades coloniales británicas, nunca dio su brazo a torcer defendiendo siempre la libertad de su país, y por ello jamás quiso retractarse ante los jueces ingleses.
 
En 1962 Martin Luther King fue arrestado por los sucesos de Albany en Georgia, cuando protestaba por la segregación de los afroamericanos en los autobuses públicos. Las autoridades locales le dieron la opción de pagar una ridícula fianza de 178 dólares, o ingresar en prisión durante cuarenta y cinco días. King, profundamente comprometido con su causa y con la justicia de sus postulados, se negó a pagar la fianza y por ello fue encarcelado. aunque tan sólo permaneció tres días en prisión.
Cuando se produjeron los sucesos de Birmingham en Alabama, fue nuevamente arrestado el 13 de abril de 1963, cuando reclamaba la abolición de la segregación racial en los establecimientos públicos, siendo por ello nuevamente ingresado en prisión, dónde permaneció tan solo siete días, porque el propio presidente Kennedy intercedió por su puesta en libertad.  
 
Que no vamos a decir de Nelson Mandela que estuvo veintiocho años en prisión, permaneciendo fiel a sus ideales, y sin plegarse en todo ese tiempo a las exigencias de las autoridades sudafricanas.
 
Pues aquí en nuestra amada Cataluña hemos visto como los Jordis, la Mesa del Parlament y diversos consellers de la Generalitat, se han humillado ante los jueces de la Audiencia Nacional y del Tribunal Supremo, afirmando que acatarían el artículo 155 de la Constitución, comprometiéndose a respetar todas las Leyes españolas, y a no desarrollar ninguna actividad relacionada con la rebelión o la sedición. Y por supuesto a pagar cuantiosas fianzas con tal de no poner un pie en la prisión.
 
La diferencia entre unos y otros, es que Gandhi, King y Mandela defendían una justicia y una libertad en mayúsculas, y esta premisa les confería una coraza moral impenetrable que les permitía padecer todo tipo de privaciones. Mientras que los polítiquillos que tenemos aquí, no defienden ninguna justicia social, ni ninguna libertad que no sea la suya propia.
 
Los hombres y las mujeres valientes tienen principios sólidos, por los que están dispuestos a renunciar a muchas cosas incluida la libertad, que es el bien más preciado del ser humano después de la vida. La defensa de la libertad y de la justicia es una tarea universal, y por ello finalmente triunfaron Gandhi, King y Mandela, porque salvo las autoridades británicas, norteamericanas y sudafricanas de su época, toda la humanidad secundaban sus reivindicaciones. 
 
Quizás a partir de ahora los señores Mas y Puigdemont, en vez de ostentar el tratamiento de Molt Honorable, deberíamos de llamarles “molt poc honorables”, porque si el honor es esa conducta que impulsa a los hombres a conducirse con arreglo a las más elevada virtud; el que reniega de sus principios ante un juez como hizo el Sr. Mas en el juicio de 9-N, cargando toda la culpa en los voluntarios, o el Sr. Puigdemont que ha puesto pies en la polvorosa hacia Bélgica para eludir sus responsabilidades ante la Justicia. Merecen no sólo nuestra reprobación, sino también la de sus seguidores, que mientras sufrían las acometidas de la policía el día del referéndum ilegal del 1 de octubre, estaban pensando ya como eludir la acción de la justicia.
 
Esta cobardía debe de ser una constante en la historia de los presidentes de la Generalitat, porque si nos remontamos a la ocupación de Barcelona por las tropas franquistas al final de la guerra civil. Cuando el presidente Lluis Companys huía con su coche oficial hacia la frontera francesa, con el maletero lleno de joyas y de dinero, que agentes de la Generalitat habían robado de las cajas de seguridad de los bancos catalanes, simultáneamente Radio Barcelona emitía un discurso grabado en el que el presidente exhortaba a los barceloneses a poner barricadas en las calles para defender la ciudad y detener a los invasores. 
 
Infierno de cobardes.
Juan Carlos Segura Just. Autor del Libro Negro de la Independencia.    

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