Independencia política con dependencia financiera

 

Hubo un tiempo en que Catalunya junto a la cornisa cantábrica (País Vasco y Cantabria) encabezó el mapa financiero nacional. La crisis económica y la burbuja financiera desmontaron un sistema de cajas de ahorro que musculaban socialmente Catalunya, creaban empleo de calidad y se convertían en un símbolo de capitalidad y orgullo para las ciudades que las albergaban. Hoy de todo eso no hay casi nada. Évole podría hacer un Salvados sobre qué quedó de las sedes de las cajas catalanas.

Caixa Tarragona, que era de la Diputación Provincial, primero se fusionó con Caixa d’Estalvis de Catalunya, que era de la Diputación de Barcelona, la de Serra, y al final, tras recibir un rescate del odiado Estado español, con dinero que llego de Bruselas, ese sitio del que a los independentistas les da igual largarse con tal de ser independientes, fue absorbida por el BBVA, que tiene sus sedes en la denostada Madrid y en Bilbao.

Caixa del Penedés fue absorbida por el Banco de Sabadell, uno de los dos superviviente del sistema financiero catalán, junto a La Caixa. Ambas han hecho algo más que sobrevivir, no solo rescataron cajas catalanas sino también del resto de España y han aumentado su influencia en todo el país mediante la adquisición de entidades por casi toda la geografía nacional. No parece que ni a la entidad vallesana ni a la de la estrella les convenga lo más mínimo de repente convertirse en entidad extranjera allí donde tienen más negocio. CaixaBank tiene en Catalunya, según datos de 2015, alrededor del 35% del total de sus operaciones. El Sabadell, un 31%. Con estos datos está todo dicho.

Pero sigamos el repaso de la deforestación de cajas catalanas. Caixa Manresa, tras unirse a Caixa Catalunya, también acabo en manos del BBVA. Otro tanto sucedió con Caixa Manlleu, Caixa Sabadell y Caixa Terrassa que, tras un estado intermedio en la que crearon UNNIM, fueron a manos de la entidad presidida por Francisco González por un simbólico euro.

Caixa Laietana, la entidad de Mataró, se integró en la fusión de Caja Madrid, con Rato. Tras ese satánico acto, que fue acompañado de una fracasada campaña de boicot por parte de clientes separatistas para retirar de allí sus fondos y cerrar cuentas, la entidad se integró junto a las Cajas de Burgos, Segovia y Canarias en Bankia para terminar finalmente nacionalizada por ese monstruo totalitario llamado Gobierno de España. Tal vileza permitió que los preferentistas pudiera recuperar su dinero y que los impositores no se quedaran sin nada.

Caixa de Girona, que era de la Diputación Provincial de Girona y la presidía Arcadi Calzada, un dirigente histórico de CiU, fue absorbida por CaixaBank. Es junto a Caixa del Penedés la única entidad que no pasó a manos de corporaciones localizadas más allá de las futuras fronteras de la República catalana.

La desaparición de las cajas catalanas no tiene como principal efecto la descatalanización del sistema financiero como algunos puedan creer. Eso en realidad da absolutamente igual. No creo que ningún británico se plantee no trabajar con el Santander porque su cuartel general esté en Boadilla del Monte. Lo peor fue la desaparición de un microsistema que financiaba a pymes, conocía mejor que nadie la zona en las que estaban implantadas y, sobre todo, tenía una obra social que dotaba a Catalunya de centros asistenciales, bibliotecas, guarderías o ayudas a todo tipo de entidades cívicas. El panorama cultural y social de Catalunya se ha empobrecido sin esas obras sociales dado que se dotaban de los recursos generados por cajas que ya no existen. Además las cajas eran generadoras de empleo de calidad y una vía natural de acceso al mercado laboral para todos los estudiantes de ADE.

Para cualquier miembro de la mitificada sociedad civil catalana (no confundir con la asociación cívica) formar parte de la asamblea general, patronato de la fundación o el consejo de administración de una caja catalana era un verdadero privilegio social y vía para hacer negocios.

No hay duda que todo no fue culpa de las cajas ni de sus gestores. MAFO, la crisis, el boom inmobiliario y, en su conjunto, una coyuntura nefasta, hicieron mucho. Pero el resultado final, sean cuales sean las razones, no varía: en Catalunya hoy no queda ninguna caja (en Guissona si hay Caja Rural).

El músculo financiero catalán ha perdido densidad. Eso en circunstancias normales debería llevar a los promotores de la secesión unilateral a plantearse si en Catalunya no podría crearse un corralito como sucedió en Grecia, si las empresas se quedarían sin financiación o la propia administración de la nueva República.

Nadie parece caer en la cuenta que en España, nuestro país, la banca extranjera casi siempre ha salido con el rabo entre las piernas y que la creación de un sistema financiero, fuera del BCE, fuera de la UE y con una primera de riesgo de vértigo, teniendo de principal y casi único acreedor al repudiado Estado español, no es algo que se resuelva como las leyes de desconexión: para las que se puedan reunir cuatro en secreto y a las órdenes de la CUP inventarse cualquier patraña. El dinero sale o no sale de los cajeros, sin matices ni debates, o está o no está.


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