Hará falta, al menos, dos generaciones de catalanes para recuperar TV3 como servicio público. Porque la degeneración de la cadena se ha producido con la complicidad activa de muchos de sus empleados, y el silencio del resto.
Los trabajadores de esa casa han callado mucho, y solo han elevado la voz en muy contadas ocasiones. Por eso tendrán que pasar décadas desde el momento que se ponga el contador a cero, cuando esta televisión deje de ser un pozo de propaganda e intente convertirse en una herramienta al servicio de todos los catalanes. Cuando eso ocurra, y si se hacen las cosas bien, igual algún día olvidamos en lo que se ha convertido TV3.
Pero permitan que lo dude. Lo más saludable, en mi opinión, sería, cuando en la Generalitat haya un gobierno que decida que lo de dividir a los catalanes en dos comunidades no tiene sentido, y que marginar a millones de ciudadanos por no ser independentistas es intolerable, cerrar TV3. Y al día siguiente sería el momento de construir una nueva televisión pública en Cataluña, un medio no sectario, que no sea ni nacionalista, ni antinacionalista, que solo sea un servicio público. Que no sea un comedero para empresarios ‘amigos’, que tenga informativos fiables y de calidad. Y que no quiera pastorear a ningún ‘rebaño’, sino informar a unos ciudadanos conscientes de sus derechos y obligaciones.
Hasta que ese día llegue no nos quedará otra que seguir denunciando los excesos, mentiras y manipulaciones de TV3, que se ha convertido en la televisión privada más importante de Cataluña, en una cadena que solo sirve los intereses del independentismo.
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